jueves, 26 de abril de 2012

La Santa Cueva en la actualidad

La última reforma, que comienza tras finalizar la Guerra Civil Española, es de mediados de los años cuarenta y se debe al insigne arquitecto D. Luis Menéndez Pidal, Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y por aquel entonces Arquitecto Conservador de Monumentos Nacionales.
En la actualidad se puede acceder a la Santa Cueva por las escaleras del “perdón” o de las “promesas” con sus 105 escalones y también por el túnel que hay desde la explanada alta de la Basílica, construido en 1908 por César García de Castro. Durante las obras de Menéndez Pidal, debido a la fuerte masa de aire que entraba por este acceso, además de poder dar luminosidad y contar una impresionante vista de la Basílica, hacia la mitad se abrió un hueco donde se colocaron tres cruces de piedra. Éstas, en su base, llevan una inscripción en letras romanas que corresponde al año en el que fueron colocadas: MCMXLIV. (1944).
Si la opción elegida para el acceso a la Santa Cueva es la de las escaleras de las promesas antes de entrar en la antecueva nos encontraremos con un medallón de bronce en el que aparece la efigie de Juan XXIII, obra del escultor Gerardo Zaragoza, que recuerda la visita realizada en 1954 por el Cardenal Patriarca de Venecia, Giusseppe Roncalli, futuro Juan XIII.
La inscripción dice lo siguiente:
“YO AMO A LA MADONNA DE COVADONGA COMO LA AMÁIS VOSOTROS LOS ASTURIANOS. TENGO SU IMAGEN EN MI DORMITORIO Y PARA ELLA ES MI PRIMERA ORACION DE LA MAÑANA”.
La verja-puerta de hierro forjado con la que nos encontraremos al finalizar tras los últimos peldaños es obra del cerrajero de Toledo Julio Pascual.
Su inscripción nos dice:
 AQUÍ, AL NOMBRE DE LA MADRE DE DIOS,
DE ENTRE LAS ROCAS, SOBRE LAS CUMBRES,
SURGIÓ ESPAÑA.
A nuestra derecha, podemos ver una gran pila de agua bendita, tallada en piedra, con la inscripción ideada por el canónigo del Santuario el M. I. don Martín Andréu Valdés:
 + SANCTA * ET * INNOCENS * CREATVRA
AQVAE * SITIENTI * POPVLO * DE
PETRA * PRODVCTA+
+ IN * NOMINE PATRIS + ET FILII +
ET SPIRITUS SANCTI + AMEN +
  (“Santa e inocente criatura del agua sacada de la roca para el pueblo sediento. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”).
Enfrente, hay dos lápidas de piedra que recuerdan la visita de la Reina Isabel II al Santuario.
La de la derecha dice:
                                                            EL DÍA 28 DE AGOSTO DE 1858
VISITARON ESTA SAGRADA CUEVA
SS. MM. Y AA. RR. LA REINA DE ESPAÑA
DÑA ISABEL II, SU AUGUSTO ESPOSO
D. FRANCISCO DE ASÍS
Y LOS SERENÍSIMOS SEÑORES
D. ALFONSO, PRÍNCIPE DE ASTURIAS,
Y Dª.  MARÍA ISABEL FRANCISCA DE ASÍS,
INFANTA DE ESPAÑA.
EN DICHO DÍA Y EN ESTE MISMO SITIO
LES FUE ADMINISTRADO A SS. AA. RR.
EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACION

y la de la izquierda:

EL 28 DE AGOSTO DE 1858
DESPUÉS DE RECORRER
APOSTÓLICAMENTE TODA ASTURIAS
SAN ANTONIO MARÍA CLARET,
PEREGRINO DE LA SANTINA,
CELEBRÓ LA EUCARISTÍA
EN ESTA SANTA CUEVA.

Subiendo los últimos nueve peldaños que hay hacia la cueva encontramos otra puerta de hierro forjado construida en los talleres de Lorenzana, de Oviedo, siendo la crestería, friso y cerrojo realizados por el anteriormente nombrado Julio Pascual.
Su inscripción por el lado de la antecueva es la siguiente:
 * SANCTA MARIA DE COBADONGA ORA PRO NOBIS *
Y ya dentro de la Cueva:
 *AVE MARIA - GRATIA PLENA,
DOMINVS TECVM, BENEDICTA TV
IN MVLIERIBVS *
Una vez dentro del lugar Santo, a nuestra derecha leemos una inscripción que nos recuerda que:
“En Covadonga nació la Institución Teresiana
fundada por Pedro Poveda
Canónigo de este Cabildo
1906 -1913
Aquí es donde se venera la imagen de la Virgen que es una talla de madera policromada del siglo XVI. Aunque se presenta vestida bajo su manto oculta una talla de popular belleza. En el año 1777 un incendió destruyó la primitiva imagen que era una sedente, es decir, estaba sentada mientras que la actual aparece erguida y fue una donación del Cabildo de la Catedral de Oviedo en el año 1778 como compensación a la pérdida sufrida de la imagen primitiva. Situada en la parte más próxima al fondo de la Cueva, puede ser visible desde la explanada construida bajo la misma a continuación del estanque. El altar es de piedra y lleva en su frontal una representación alegórica e idealizada de la batalla de Covadonga. Es una escena en que lo referente al cielo está en color celeste; los cristianos aparecen en plata y los musulmanes, en bronce. En el centro y a lo alto de éste aparece la imagen de la Virgen rodeada de ángeles que descienden en ayuda de los cristianos, los cuales, abanderados por Pelayo repelen el ataque de las tropas islámicas. Sobre la cabeza de la Virgen puede leerse la siguiente leyenda: EXVRGE – DOMINE – IVDICA – CAVSAM -  TVAM (Levántate, Señor; juzga tu causa). En la exedra semicircular que separa la imagen de la roca están representados (en unos arcos, imitación del prerrománico) los distintos reyes de la monarquía asturiana entre los que se encuentran Pelayo, Alfonso I, Fruela I, Alfonso II, Ramiro I, Ordoño I y Alfonso III. Forman un semicírculo en torno a la Virgen. En el frontal están los cuatro arcángeles: Miguel, Rafael, Gabriel y Uriel.
Tanto el frontal como la exedra fueron labrados por Juan José García, siendo quizás, en los años en que realizó estos trabajos, el más elevado representante de la orfebrería en España.
A la derecha, excavado en la roca, se encuentra el sepulcro de don Pelayo. Enterrado junto con su mujer Gaudiosa y su hermana en una iglesia cercana, llamada Santa Eulalia (o Santa Olaya) de Abamia (Corao), posteriormente sus restos fueron trasladados a la Santa Cueva en tiempos de Alfonso X “el Sabio”. Pudiera ser que se llevara sólo algún resto, porque según comenta el Conde de la Vega del Sella, en su obra, El dolmen de la Capilla de Santa Cruz, (Memoria núm. 22. Junta para la Ampliación de Estudios, 1919, pp. 37-38): “Según versión oída a un testigo presencial, en la visita que hizo el Rey Alfonso XII al Santuario de Covadonga, fueron examinados los sepulcros que allí se encuentran, no hallándose en el de Pelayo más que un fémur de grandes dimensiones y una chapa delgada de plata en forma de doble cinto”.
En un principio debió ocupar el sepulcro un lugar en el centro de la cueva, siendo trasladado después del incendio de 1777 al lugar que hoy ocupa. Desde entonces, sólo se han hecho en él pequeñas variaciones en su cerramiento. La inscripción que hay en su tumba dice lo siguiente:
AQVI YAZE EL S REY DON PELAIO
ELLETO EL ANO DE 716 QVE EN
ESTA MILACROSA CVEBA COME
NZO LA RESTAURACION  DE ESPA
NA BENZIDOS LOS MOROS FALLECIO
ANO 737 Y LE ACOPAÑA SS MVSER Y ERMANA

(Aquí yace el señor rey don Pelayo,
electo en el año de 716 que en
esta milagrosa cueva comenzó
la restauración de España.
Vencidos los moros, falleció
en el año 737 y le acompaña su mujer y su hermana).
La fecha grabada (716) es una errata de quien la esculpió ya que debería decir 718, año en el que Pelayo es aclamado como líder de la insurgencia cristiana.
Más escondido, en una covacha que hay entre el sepulcro de Pelayo y la imagen de la Virgen, se encuentra el de su yerno, Alfonso I “el Católico”, el cual descansa junto con su mujer Hermesinda, hermana del rey Favila. Fue devuelto a su anterior emplazamiento durante la reforma realizada por el Obispo don Benito Sanz y Forés. En él podemos leer la siguiente inscripción:
 AQVI YAZE EL CATOLI
CO Y SANTO REI  DON
ALONSO EL PRIMERO
I SV MVGER DONA ERME
NISENDA ERMANA DE DON
FAVILA A QVIEN SVZEDIO.
GANO ESTE REI MVCHAS VI
TORIAS A LOS MOROS. FALLECIO
EN CANGAS ANO DE 757.
La capilla actual sustituye a la anterior diseñada por el alemán Roberto Frassinelli y también es obra de Luis Menéndez Pidal. De línea clásica y estilo neorrománico, dentro acoge el Sagrario y está cubierta de madera dorada y policromada por el artista valenciano Juan Talens. En sus muros laterales interiores tiene la siguiente inscripción:

A MATRE – QUIDEM – VICTORIAM :
A FILIO VERAM NUTRITIONEN AD
VIAN SUSCIPIENTES
EX ADIPE – ENIM – FRUMENTI CIBAVIT-
ET DE PETRA MELLE SATURAVIT.
 
(Recibiendo de la madre la victoria – y -  por
medio de ella -  del hijo, el verdadero alimento
para el camino -  pues les alimentó con abundancia de trigo y los hartó con miel de la roca).
La inscripción, al igual que la de la pila de agua bendita que hay a la entrada de las escaleras de las promesas, fue realizada por el M. I. D. Martín Andréu Valdés, canónigo de Covadonga.
La campana de la capilla ha sido realizada según el diseño de Menéndez Pidal y regalada por el Ayuntamiento de Gijón el día del voto a la Santina. (Esta era una tradición en la que algunas Instituciones Asturianas ofrecían como ofrenda a la Virgen un regalo o presente).  Fundida en los talleres Adaro de la misma villa, en su aleación se emplearon diez kilogramos de plata. La inscripción que lleva fue pensada por el escritor de Gijón Eduardo Bonet y dice lo siguiente:
LLAMO AL PEREGRINO A LA MORADA DE SANTA
MARÍA DE COVADONGA, INSPIRADORA DE PELAYO,
REY DE GIJÓN.
DONADA POR EL ILTRE. AYUNTAMIENTO DE
GIJÓN. EN CONMEMORACIÓN DE SU VOTO
A COVADONGA – VII – SEPT – MCMXLIX.
En la parte delantera lleva el Escudo de Gijón, mientras que en la posterior aparece representada la Cruz de la Victoria.
En la actualidad esta Capilla se utiliza como Sacristía aunque, anteriormente, en los días más crudos de invierno, cuando era poca la gente asistente, se solía celebrar en ella la misa.
Hay también, en la Cueva, entre la capilla y la imagen de la Virgen, un sillón episcopal que descansa sobre dos osos, obra del escultor Gerardo Zaragoza. Tallado en piedra marmórea rojiza extraída del propio monte Auseva en su respaldo lleva el anagrama de Cristo, llevando grabado en sus laterales el nombre de los Obispos que pasaron por el gobierno de la diócesis durante el tiempo que duraron las obras de la Santa Cueva y que son los siguientes:
En lado derecho:
D. D. Emanuelle Arce Ochotorena
MCMXXXVIII- MCMXLIV
et
D. D. Bernardino de Arriba  Castro
MCMXLIV-MCMXLIX
Pontifical in Dioce. Oveten.  Muria
Obeurtivus
En el lado izquierdo:
D. D. Francisco Xav. Lauzurica Torralba
MCMXLIX Pontifical Dioce. Oveten. Muria
Obeurtibus.

El ambón del Evangelio, construido en bronce dorado, tiene forma de águila y ha sido una ofrenda del Ayuntamiento de Avilés a la Virgen. Su autor es el mismo que el de las puertas de entrada y lleva la siguiente inscripción:
OFRENDA A LA SANTISIMA VIRGEN DE
COVADONGA DEL EXCMO. AYUNTAMIENTO
DE AVILÉS Y SU CONCEJO.
8 DE SEPBRE. MCML
AVE MARIA, GRATIA PLENA, DOMINUS TECUM.

Javier Remis Fernández
Cayo González Gutiérrez


lunes, 23 de abril de 2012

El Museo de Covadonga adquiere dos nuevas piezas

El Museo de Covadonga ha adquirido recientemente en sendas subastas dos piezas que pasan ha engrosar el archivo del que dispone. Se tratan de una Real Provisión del Rey Carlos III en la cual se concede licencia al Abad y al Cabildo de la Real Iglesia Colegial de Santa María de Covadonga para pedir limosna con el fin de reedificar el Santuario tras el fatal incendio acaecido el 17 de octubre de 1777. Y del libro titulado "El Pelayo", poema escrito en 1754 por Alonso de Solís Folch de Cardona Rodríguez de las Varillas, conde de Saldueña, Gentil Hombre de Cámara de Su Magestad y Obrero del Orden de Calatrava. Este admirable y excelentísimo poema que trata sobre Covadonga, sobre su historia y sobre la belleza de su paisaje fue, en aquel entonces y según las palabras del Catedrático de la Universidad de Salamanca, don Diego de Torres Villarroel, "la pieza más pulida y más bien acabada de las que se admiran en los Èpicos y Líricos de nuestra España". Su autor fue Virrey de Navarra entre los años 1768 y 1763 y sus hermanos José Manuel y Francisco de Solís Foch y de Cardona, fueron Virrey de Nueva Granada y Cardenal de Sevilla respectivamente.
Estas nuevas piezas poco a poco se irán sumando, junto a algunas otras, a la colección ya existente en el Museo.

viernes, 20 de abril de 2012

Concierto de “Melisma” en Covadonga

Este sábado, 21 de abril a las cuatro y media de la tarde en la basílica de Covadonga el grupo coral “Melisma” de Gijón ofrecerá, junto a la Escolanía de Covadonga, un concierto en el que se representarán acorde al tiempo en el que nos encontramos once corales de Bach, de Pasión y de Pascua. En el concierto, que cuenta con el patrocinio de la Fundación Municipal de Cultura y de la Universidad Popular de Gijón, contará con la intervención de Adolfo Gutiérrez Viejo, músico y compositor que ha fundado y dirigido la Capilla Clásica de León y ha sido Director Titular del Coro Nacional de Español además de ser Catedrático de dirección de coros en el Conservatorio de Oviedo.
El grupo “Melisma” fue fundado en 1994 y consta de unas veintidós voces masculinas que interpretan cantos gregorianos, así como polifonía sacra y profana. Su director, Fernando Menéndez Viejo, es un amante de la Santina y de Covadonga ya que entre 1964 y 1968 dirigió la Escolanía del Real Sitio siendo perfecto conocedor de dicha Institución, hoy en día es organista en la Parroquia de San Pedro de Gijón.

El Abad de Covadonga con la emigración asturiana

El pasado domingo 15 de abril el Abad de Covadonga celebró una misa en la capilla del centro asturiano de Caracas (Venezuela). Esta es la primera vez que un Abad de Covadonga visita un Centro Asturiano en Hispanoamérica rememorando así aquel viaje que hicieron a mediados de los años veinte a Puerto Rico, Cuba y México los antiguos canónigos del Santuario, don Manuel Loredo Somonte y don Samuel Fernández Miranda en busca de fondos y donativos para la construcción del entonces Hostal Favila, edificio que hoy es sede de la Escolanía y del Museo de Covadonga.

lunes, 16 de abril de 2012

La construcción del Hostal Favila de Covadonga.

La idea de construir el hostal Favila de Covadonga puede decirse que surgió ante la falta de infraestructura hotelera tras los multitudinarios actos que se llevaron a cabo en 1918, año en el que tuvieron lugar importantes acontecimientos como la Coronación Canónica de la Virgen y la creación del primer Parque Nacional de España, el de la Montaña de Covadonga. Además de la devoción religiosa, otros valores como los históricos, así como la nueva valoración de la naturaleza fueron también causas que favorecieron el incremento del turismo en la zona y sus alrededores. Todos estos factores hicieron que fuese necesario el promover en el Santuario nuevos hospedajes, hasta entonces reducidos a la fonda de la Roxa, la casa de novenas o el Gran Hotel Pelayo, donde la clase más humilde no podía alojarse debido al alto precio a pagar. Esta última causa fue otro de los motivos por los que el Cabildo decidió construir un nuevo alojamiento en el que todas las personas, pudientes y no pudientes, tuvieran cabida.Las obras comenzaron en diciembre de 1920 gracias al espléndido donativo de 100.000 pesetas que un mes antes había entregado el benefactor Rafael Fabián, un indiano natural de Villamayor que con anterioridad había regalado un altar de mármol para la cripta de la basílica. Aunque el elevado importe pudiera llamar la atención, y más si tenemos en cuenta el año en que fue realizado, no fue más que el comienzo de una serie de donativos y suscripciones de personas de toda condición social que sin embargo resultarían insuficientes para poder culminar tan ardua tarea.Ya en la sesión del cabildo celebrada el 17 de octubre de 1924 se citaba la precaria situación para continuar las obras y se habló de la posibilidad de solicitar un empréstito de unas 25.000 ptas. para poder continuar con los trabajos. Ante la falta de recursos, fueron los propios capitulares los encargados de crear una comisión cuya encomienda fuese la de recaudar nuevos fondos con los que continuar los trabajos. Uno de los primeros acuerdos adoptados por dicha comisión fue emprender un viaje de propaganda por Puerto Rico y La Habana, expedición que fue encabezada por el magistral de Covadonga, don Samuel Fernández Miranda y por el Doctoral, don Manuel Loredo Somonte. Ésta, en compañía del conde Rodríguez Sampedro y del arquitecto García Lomas, encargado de la obras de engrandecimiento del santuario, previamente había sido recibida en el Palacio Real por el rey Alfonso XIII. Para su iniciativa también consiguieron la colaboración de la Excelentísima Diputación, entidad que consignó, en 1925, una partida de 75.000 ptas. destinada a las obras del hostal.  Al año siguiente se volvió a agotar el presupuesto y las obras se tuvieron que paralizar durante tres años, tiempo tras el cual se consiguieron nuevas aportaciones que también resultaron insuficientes. Para continuar la edificación, el Cabildo, hubo de solicitar un empréstito al que de nuevo se unieron numerosos suscriptores particulares y anónimos, entre los que se encontraba el Patronato Nacional del Turismo quien, hasta finalizar la obra, contribuiría con una sustanciosa subvención anual.Su inauguración tuvo lugar el domingo 9 de agosto de 1931 y tuvieron que pasar once largos años para ver concluido uno de los mayores retos a los que tuvo que enfrentarse el Cabildo de la pasada década de los años 20. Fue el Abad, don Manuel Tamargo, el encargado de la bendición en un sencillo acto al que acudieron el Alcalde de Cangas de Onís, que ostentaba la representación del Gobernador Civil de Asturias, los Marqueses de Teverga, los señores de Miranda, el representante en Asturias del Patronato de Turismo, doña Isabel Maqua, los representantes de la prensa y gran cantidad de personas llegadas de diversos lugares de la comarca a pesar de las desagradables condiciones climatológicas con las que amaneció aquel día.Tras el acto de inauguración tuvo lugar el tradicional banquete, terminado el cual, el Abad dirigió unas palabras a los asistentes en un breve pero emocionante discurso cargado de agradecimientos para todos aquellos que habían contribuido en la ejecución y la financiación del proyecto hotelero. También hubo un recuerdo a modo de oración para los que ya no estaban presentes, personas que contribuyeron o trabajaron en la obra y que, debido a los retrasos, no pudieron verla terminada.El proyecto y diseño del edificio corresponde a los arquitectos Lomas y Manchobas mientras que la ejecución fue llevada a cabo por personas de su confianza como Inocencio Niembro y Emilio González Capitel.Según comenta el diario Región, en la crónica que ofrece de la inauguración, por aquel entonces este sobrio edificio ya contaba con unas “modernas instalaciones” entre las que destacaban las de “calefacción, saneamiento, y lavaderos mecánicos, que fueron hechas por la acreditada casa R. Nuño”, que tenía su sede en los números 8 y 10 de la madrileña avenida del Conde de Peñalver.

domingo, 9 de mayo de 2010

La Escolanía de Covadonga

Siempre que se habla de los orígenes de este coro de voces angelicales suele citarse como su fundador a quien fuera el primer arzobispo de Oviedo, don Francisco Javier Lauzurica y Torralba en 1951, pero lo cierto es que existió otro anterior que había sido creado por su predecesor.
Los canónigos de Covadonga, para quienes rendirle honores a la Santina era una preocupación constante, sabían que con la creación de un coro en el real sitio darían un mayor realce a las celebraciones litúrgicas durante todo el año y no sólo en días de fiesta como se venía realizando hasta entonces. La pregunta era cómo llevar a cabo dicho proyecto y de qué forma financiarlo para que tuviera una continuidad ya que mantener un considerable grupo de niños durante todo el año, en período de posguerra, suponía un enorme esfuerzo que muy pocas arcas podían resistir.
Hasta la guerra civil, celebraciones como la novena de la virgen eran amenizadas por las voces de grupos como los “Seises”, procedentes de Llanes, o la “Schola Cantorum”, dirigidos por el inolvidable don Marino Soria. Pero en Covadonga, según se desprende del acuerdo del Cabildo del 23 de octubre de 1939 ratificado en sesión del 21 de mayo del año siguiente, no es hasta una vez finalizada la contienda cuando comienza a crearse un pequeño grupo de voces formado por algunos estudiantes que, poco a poco, iban configurando la que más tarde se conocerá como Escolanía de Covadonga.
Creada por el Obispo don Benjamín Arriba y Castro, en mayo de 1945 fue erigida como seminario menor por decreto del 30 de septiembre de 1946. Sus primeros alumnos fueron José Roque García González y José Antonio Muñiz, de Sama de Langreo y de Sama de Grao, respectivamente; Desiderio de la Fuente y Ramón Alonso Suárez, que llegaron de Cangas de Onís; Pedro Luis Gutiérrez, de Cofiño; Santiago Fernández López, de Arbón; Salvador Rodríguez Montoto, de Pendueles; Cecilio Fernández Testón y José Dosal Gómez, de Panes; Vicente Luis María García Herre
ro y José Andrés Menéndez Viejo, de Oviedo; José Antonio Vallina, de San Julián de los Prados; Paulino Suárez Salido y Gerardo García Vallina, de Noreña; José Antonio Sánchez Suárez, de Tiñana; Manuel Sierra Prado, Severino Sierra del Río, Antonio Medina González y Enrique Montes Álvarez, del Hogar de San José; y Jesús Rodríguez García, de Piñeres.
Su primera sede fue en el edificio de “La Casona” (frente a la basílica y donde hoy se encuentra la Biblioteca y Sala Capitular). En la planta baja, a la derecha, estaba el comedor mientras que arriba, tras subir unas viejas y chillonas escaleras de madera, se encontraban las habitaciones.
La primera obligación de los escolanos tras levantarse y el aseo personal era la de asistir a misa. A continuación comenzaban las clases como en cualquier colegio solo que, en este caso, la educación corría a cargo de las señoritas Teresianas. Tras la comida -por cierto, no muy abundante-, dormían la siesta y jugaban al balón hasta que de nuevo se reanudaban las clases. A última hora de la tarde iban a rezar el Ángelus a la basílica y les tocaba el ensayo que realizaban tras el altar. Todos los días este ritmo podía parecer agotador pero, lo cierto es que, también había tiempo para la diversión. En los recreos jugaban
al fútbol con el canónigo don Manuel García, realizaban excursiones a la Cruz de Pelayo, a Orandi, a los Lagos o simplemente daban un paseo hasta el Repelao, La Riera o Llerices, pueblos a los que también se desplazaban para pedir prestados zurrones cuando tenían que representar alguna obra de teatro, sobre todo en Navidad.
Su primer Rector fue don Amaro Alonso Campal (Abad del Santuario); su primer director artístico don Medardo Carreño Suárez (nacido en Oviedo, aunque él se consideraba de Candás); su preceptor don Julio Folledo; organista, el mallorquín Julián Samper; director espiritual don Manuel Loredo Somonte, (Magistral); Secretario de estudios, don Martín Andréu Valdés, (Canónigo Archivero); Administrador, don Alejandro Roces Nachón, (Beneficiado); Prefectos de disciplina eran don Domingo Caso Fernández (Canónigo), y don José González Merás (Beneficiado); mientras que su confesor era el entonces Coadjutor de Cangas de Onís, don José Tomás Díaz Caneja.
Tres años más tarde, en el verano de 1948, interrumpió su actividad entre otras causas debido a la muerte de don Medardo y al traslado de algunos de sus alumnos al Seminario de Oviedo. Pero en 1951, gracias a la insistencia y empeño de un joven canónigo recién llegado a Covadonga y que años más tarde sería abad del santuario (don Emiliano de la Huerga), el Arzobispo de la diócesis don Francisco Javier Lauzurica y Torralba decidió crear una nueva escolanía.
A partir de entonces su sede se ubicó en el antiguo “Mesón”, un viejo edificio del siglo XVIII situado en el Parque del Príncipe y que el arquitecto Javier García Lomas y el pintor Paulino Vicente se habían encargado de restaurar unos años antes. De esta nueva escolanía (veintitrés niños mas otros seis que se incorporaron posteriormente), se hizo cargo don Emilio Barriuso Fernández, quien contó con la estrecha colaboración de don Emiliano de la Huerga, encargado de desarr
ollar las pruebas de ingreso y de seleccionar las voces.
El clima húmedo y frío de Covadonga hizo mella en la salud de Barriuso y al año siguiente fue sustituido por don Florentino Pérez Rebollar, a quien acompañaba como subdirector el sacerdote José Ramón Lobo Méndez (cesado el 29 de octubre de 1956 por haber sido llamado a ejercer de profesor en el Seminario Menor de Covadonga). Su puesto lo ocupó don Aladino Alonso y las pruebas de voz para la admisión de nuevos escolanos eran realizadas por el célebre músico don Alfredo de la Roza Campo, Director de la Schola Cantorum del Seminario de Oviedo.
El 12 de abril de 1964 falleció don Francisco Javier Lauzurica y Torralba y su sustituto, don Vicente Enrique y Tarancón, nombró como nuevo director musical a don Fernando Menéndez Viejo. A partir de entonces el repertorio, que conjugaba lo profano con lo religioso, comienza a inclinarse más hacia temas litúrgicos como himnos, salmos o aclamaciones y proliferaron las actuaciones fuera del Santuario. Tanto en esta etapa, como en la anterior, la enseñanza estuvo en manos de las señoritas Teresianas y se veló especialmente por la higiene y el aseo personal. En este aspecto hemos de decir que algunas veces el ir a la ducha podía resultar reconfortante pero otras podía ser matador, según el turno que a uno le tocara. Por ello, las peleas por intentar ser el primero a ver si le tocaba a uno un poco de agua caliente eran la orden del día.
En septiembre de 1968 Menéndez Viejo abandonó la dirección de la escolanía al incorporarse como coadjutor-organista a la parroquia de San Lorenzo de Gijón. La labor llevada a cabo por éste en Covadonga continuó dando sus frutos, incluso, a escasos meses de su marcha. El 7 de diciembre de ese año la escolanía ganó el primer premio en el V Concurso Provincial de Villancicos celebrado en la Delegación Provincial de Sindicatos, mérito que le dio el pasaporte para competir en el Certamen Nacional que se celebró en Madrid. En este quedaron primeros de grupo y accedieron a la final, en la que no llegaron a rendir satisfactoriamente debido a que el día anterior tuvieron un accidente de autobús cuando se dirigían a conocer el aeropuerto de Barajas.
En ese mismo año fue nombrado Abad del Santuario don Emiliano de la Huerga y llegó, procedente de una parroquia de Mieres, don Ignacio Lajara, perfecto conocedor de la escolanía por haber cantado con esta en numerosas ocasiones y por haber sido integrante de la Schola Cantorum del Seminario.
A partir de entonces se abrió otra nueva etapa en la formación musical que vino marcada por el cambio de ubicación de su sede. Se pasó del “Mesón” al edificio
del Seminario (antiguo Hostal Favila). El tiempo de vacaciones de los niños, anteriormente reducido a unos días el día de la fiesta del pueblo y a la Navidad, se vio incrementado a un mes durante el verano y se racionalizó el canto de las bodas a un tope máximo de tres al día. (Con anterioridad hubo días en los que se llegaron a cantar hasta seis seguidas).
La reforma de la Educación llevada a cabo en los años setenta trajo consigo la conversión de la Escolanía en Escuela-hogar y supuso la ampliación del centro a 60 plazas. Esto supuso un aumento considerable del número de empleados contratados por el Santuario para cuidar y educar a los niños mientras que por otro lado los ingresos se vieron reducidos por la anteriormente citada racionalización de bodas.
La marcha de Lajara, debido a sus problemas de salud, hizo que durante un año la escolanía estuviera en manos de los alumnos más aventajados hasta la llegada de don Leoncio Diéguez Marcos. Fue en 1975, tras haber sido director de la escolanía del Valle de los Caídos y del Pilar de Zaragoza junto a un gran músico, compositor y organista, el Padre José Jordán, autor de los conocidos “Salmos Responsoriales” que todavía hoy se cantan en las celebraciones litúrgicas. Para ocupar la dirección, Diéguez, había expuesto una serie de condiciones entre las que se encontraban: que el director de la Escolanía debería ser Canónigo del Santuario (y no beneficiado), y que
los escolanos tuvieran una oferta musical más amplia. Aquí se encontró con un grupo de 29 escolanos, estableció una semana de pruebas para los nuevos alumnos y se dedicó a reclutar niños visitando campamentos estivales hasta que consiguió formar un grupo de sesenta voces. A partir de entonces la Escolanía experimentó un avance extraordinario y los niños, además del piano, podían aprender a tocar otros instrumentos como el violín, el violonchelo o la flauta travesera.
El prestigio musical de don Leoncio era más que conocido en toda la diócesis, éste contactó con el conservatorio de Oviedo para que unos cuantos profesores se acercaran, de vez en cuando, a impartir clases en Covadonga. A partir de entonces los niños tomaron sus estudios más en serio, llegando incluso a realizar competiciones entre ellos para ver quien era el mejor. Esta forma de competición hizo que los instrumentos no se tocaran por mera diversión o entretenimiento lo que les supuso a muchos de los alumnos adquirir un gran nivel musical y forjarse, posteriormente, un futuro profesional relacionado con el ámbito de la música ya que muchos de ellos hoy son directores de orquesta, profesores de Conservatorio, pianistas, organistas, violinistas y violonchelistas. De este modo, poco a poco, la escolanía se fue perfeccionando musicalmente llegando a alcanzar un alto nivel interpretativo. Tal fue así que, a comienzos de los años ochenta, los escolanos participaron junto a la Orquesta Sinfónica de Asturias, en el Teatro Campoamor, en óperas como Carmen, de Bizet, o la Bohème, de Puccini. También ofrecieron actuaciones en numerosos puntos de la geografía española como las llevadas a cabo en Oviedo, Gijón, Valencia, León, Huesca o Madrid (ésta última en el Teatro Real). Pero, sin duda alguna la actuación que marca la pauta, cuando a la hora de hablar de la escolanía de Covadonga se refiere, es la que ofreció el 26 de septiembre de 1987 en Bolonia (Italia,) dentro de un festival en el que interpretaron obras junto con el Coro de la Escala de Milán y la Orquesta Sinfónica de Londres, dirigida por Lorin Maazel. Entre el público asistente a este festival, además de numerosas personalidades del mundo de la cultura, se encontraban la Madre Teresa de Calcuta y S. S. el Papa Juan Pablo II. Sin duda alguna, este fue un recuerdo imborrable para quienes entonces eran escolanos. Muchos de estos, y hoy asiduos de Covadonga, cada vez que visitan la escolanía recuerdan aquel memorable acto que marcó la época más gloriosa de esta institución.
Tras ser don Leoncio nombrado director del Conservatorio de Música de Oviedo se encargó de la escolanía uno de sus alumnos más aventajados, Juan Carlos Laria de la Maza quien continuó con la labor llevada a cabo por su predecesor, apoyado por éste desde Oviedo. Al cabo de unos años los conciertos se fueron reduciendo y la principal fuente de financiación (las bodas), apenas se cantaban. Maza, como hoy es conocido, estuvo cinco años de director musical, hasta
1993 fecha en la que un pariente suyo, Jorge de la Vega Laria, también antiguo escolano, se hace cargo de esta hasta la actualidad. Ambos habían estudiado juntos en la Schola Cantorum de la Catedral León y no perdieron el contacto con don Leoncio quien se trasladaba algún fin de semana o en épocas estivales a dirigir los ensayos, sobre todo en vísperas de alguna solemnidad.
Durante esta última etapa de la formación las condiciones de los niños mejoraron notablemente. El edificio se reformó interiormente casi por completo y se adaptó a las necesidades actuales, las visitas de los padres así como las vacaciones eran más frecuentes, incluso son ampliadas si se tienen que quedar en el Santuario por alguna celebración. Nuevamente fue la ley de educación, en este caso la L.O.G.S.E., la que conlleva un profundo cambio en la vida de la escolanía. Los mayores que estudiaran secundaria deberían bajar a estudiar al Instituto de Cangas de Onís mientras que los de primaria recibirían las clases en Covadonga. Esto supuso un cambio en la dinámica de la institución ya que continuamente se debían de hacer reajustes en el tiempo y la distribución de los ensayos. Se dejaron de cantar bodas y rosarios. La única actividad diaria de los niños, musicalmente hablando, era el canto la Salve que tiene lugar al finalizar las Vísperas aunque también actuaban en las misas conventuales del sábado y de la mañana del domingo. Los conciertos fueron más locales y únicamente debemos resaltar actuaciones como las llevadas a cabo ante las ilustres visitas del Príncipe de Asturias y del Papa Juan Pablo II.
El nombramiento como canónigo de la Catedral de Oviedo de don Leoncio hace que éste se desvincule totalmente de la escolanía, la cual se resiente no sólo musicalmente hablando, sino que también en el escaso número de alumnos que la componen. Todas estas causas, unidas a otros factores, hicieron mermar el nivel musical alcanzado hasta entonces.
Hoy, para entrar a formar parte de la misma ya no es cuestión indispensable tener ciertas aptitudes o cualidades musicales (voz y oído), sino que, más bien, los niños están en el Santuario acogidos a modo de intentar inculcarles unos valores y hacer de ellos el día de mañana unas personas de bien. A pesar de ello se han vuelto a cantar bodas y realizar conciertos, incluso fuera de Covadonga. La componen un total de 28 alumnos y la formación académica corre a cargo del Ministerio de Educación y Ciencia, organismo del que reciben, respectivamente, estudios de Primaria y Secundaria en el Colegio Público Reconquista y en el Instituto Rey Pelayo de Cangas de Onís. Los estudios musicales de Solfeo y Teoría de la Música, Conjunto Vocal, Piano, Violín, Violonchelo y Contrabajo, así como la formación en el canto, son impartidos en la misma Escolanía por profesores titulados.
Esperemos que las escasas voces de hoy en día se conviertan mañana en un numeroso grupo de escolanos que hagan de la música su actividad profesional para deleite de las muchas personas aficionadas a la música que se acercan hasta este Real Sitio de Covadonga.

martes, 13 de abril de 2010

Roberto Frassinelli, el Alemán de Corao.

Robert Bartholomaüs Carl Frassinelli nació el 23 de mayo de 1813 en Ludwisgburg, en el estado alemán de Würtemberg, aunque su familia era de origen italiano, de Trento. Frassinelli estudió en Tubinga y durante estos años se convirtió en un defensor de los ideales liberales, por los que pasó una temporada en prisión. En 1854, sus biógrafos consideran que ya está definitivamente asentado en España. La razón por la cual este arqueólogo, dibujante y bibliófilo alemán eligió para vivir el pueblo de Corao en Cangas de Onís no está clara. Según el erudito local Celso de Diego, parece ser que fue debido a la relación profesional que mantenía con un librero de antiguo afincado en Madrid, miembro de la familia Miyar, por la que conoce Corao y decide quedarse en el pueblo. También pudo influir en su decisión de asentarse en este pueblo cangués el encontrarse a tan sólo dos kilómetros del palacio de Labra, residencia de uno de los más importantes bibliófilos españoles del momento, Sebastián de Soto Cortés.
La actividad principal de Frassinelli fue la compraventa de libros antiguos y obras de arte de los monasterios recientemente desamortizados. Importantes historiadores españoles le acusaron de sacar de España códices de gran valor histórico. Lo que sí es cierto es que la España del siglo xix sin duda fue un lugar idóneo para las actividades de especulación arqueológica a las que él se dedicaba.
También tomó parte en el diseño y dirección de las obras del monumental santuario de Covadonga, de la mano del obispo de Oviedo Sanz y Forés, si bien, como hemos ya apuntado, fue apartado de ellas por las presiones de la Sociedad Central de Arquitectos, que le acusaron de intrusismo profesional.
Una vez afincado en Corao, se convirtió rápidamente en un gran conocedor del Macizo Occidental de los Picos de Europa. Esto le llevó a ejercer de guía para muchos importantes viajeros que por aquel entonces realizaron exploraciones o estudios sobre la zona. Así, parece ser que acompañó por muchos lugares al eminente geólogo alemán Guillermo Schulz, en sus trabajos de campo para su Descripción geológica de Asturias. También fue uno de los primeros en representar paisajísticamente los Picos de Europa, mediante una serie de dibujos realizados a lápiz y aguada sepia que se conservan en la biblioteca de Palacio de Oriente.
Su huella en los Picos queda bien patente en su toponimia. Hoy, un pequeño charco que se encuentra en el río Pomperi, en las cercanías de Pan de Carmen, se conoce como Pozo del Alemán, ya que parece ser que iba frecuentemente a bañarse en él. El camino que une Corao con el lago Enol, debido a la frecuencia con que lo transitó, se conoce hoy en día como Ruta Frassinelli.

El canónigo Máximo de la Vega.

Máximo del la Vega nace el 19 de noviembre de 1841 en el seno de una familia acomodada de Nueva de Llanes, ya que su padre, Don Benito, era el escribano de esta localidad. Entra muy joven en el Seminario Metropolitano de Oviedo y es ordenado presbítero en 1866. Ese mismo año, con sólo 25 años, es designado, a propuesta del ministro Posada Herrera, para el cargo de Canónigo de Covadonga.
A partir de 1872, Máximo de la Vega se convertirá en el brazo ejecutor de la ingente tarea de renovación material y espiritual de Covadonga que el obispo Sanz y Forés inicia en el santuario de Covadonga. Será el capitular llanisco el que recomienda a Roberto Frassinelli como diseñador y director de la obras para la rehabilitación de la Capilla de la Santa Cueva.
Don Máximo se entregará en cuerpo y alma a conseguir que se lleven a buen término las obras del Camarín de la Santa Cueva. El 8 de septiembre de 1874, se inaugurada la primera parte del grandioso proyecto renovación de Covadonga y el obispo Sanz y Forés proclamará solemnemente que pronto se colocará la primera piedra de un suntuoso templo digno de María.
En estos años de la década de los setenta, don Máximo dedica todos sus esfuerzos a la construcción de la basílica. Así, negocia donaciones, moviliza a los fieles, organiza peregrinaciones, encarga una gama de objetos para la venta y, por supuesto, vincula a destacados políticos a su proyecto. Las obras darán comenzaron el 30 de julio de 1877 con la presencia del Rey y bajo la dirección técnica de Frassinelli; pero, a píe de obra, como un capataz encomiable siempre se encontraba don Máximo, quien decidía sobre todos los aspectos del trabajo, por eso las gentes del lugar le apodaron con el sobrenombre del Soberano.
Cuando el obispo Sanz y Forés es trasladado a la diócesis de Valladolid y el nuevo obispo Herrero y Espinosa de los Monteros decide retirar de la dirección técnica de la obras a Frassinelli, don Máximo pasa por duros momentos, ya que también quieren relevarlo a él del cargo de canónigo fabriquero. En 1884, un nuevo obispo, Martínez Vigil, confirmará a don Máximo en su puesto de fabriquero y el 10 de mayo de ese mismo año es nombrado conservador del de la Real Colegiata de Covadonga. A partir de ese momento la dedicación de don Máximo a Covadonga es absoluta, no para de viajar a Madrid en busca de fondos para culminar tan colosal proyecto.
Don Máximo no sólo se preocupó por el engrandecimiento de Covadonga, también fue un gran promotor de toda la comarca. Promovió la construcción de la carretera a los Lagos y la de Corao a Nueva, así como promocionó notablemente el turismo de naturaleza en el Macizo del Cornión. Su cabaña y su barca en el lago Enol fueron visitadas por importantes personajes en el último cuarto del siglo XIX.
En uno de sus múltiples viajes a la capital en busca de fondos enferma de una fuerte neumonía, a consecuencia de haberse detenido el tren en el que viajaba en el puerto de Pajares. Corría el mes de marzo de 1896 y don Máximo tuvo que abandonar su querida Covadonga para reponerse en su casa natal de Nueva. Pocos meses después, el 7 de septiembre, fallecía.

El Obispo Martínez Vigil

Fray Ramón Martínez Vigil nace el 12 de septiembre de 1840 en Tiñana, concejo de Siero. El 19 de septiembre de 1858 toma los hábitos de la Orden de los Dominicos en el convento de Ocaña (Toledo). Ya como dominico se trasladó a las islas Filipinas y estudiará en la Universidad de Manila, donde conseguirá los grados de licenciado y doctor en Filosofía y Teología. Posteriormente desempeñará la cátedra de teología en dicha universidad.
En el año 1876 regresa a la península y es nombrado procurador general de
la orden dominica para las provincias de España y Filipinas. En el año 1878, por su conocimiento de las problemática en Ultramar, es nombrado consejero nato del Ministerio de Ultramar. Luego entrará a formar parte del claustro de profesores de la Universidad Central de Madrid.
El 17 de marzo de de 1884 es preconizado obispo de Oviedo, tomando posesión de la sede episcopal ovetense el 28 de junio del mismo año. En su labor como obispo de Oviedo dotó al Cabildo catedralicio de nuevos estatutos y trató por todos los medios de elevar el nivel cultural del Clero. A la muerte del rey Alfonso XII se le encomendó la oración fúnebre, que pronunció en la capilla Sixtina ante el Papa León XIII, por lo que fue premiado con el nombramiento de noble y prelado del Solio Pontificio. Fue elegido senador por dos legislaturas por el Arzobispado de Santiago de Compostela.
En Covadonga se encargará de reconstruir la Junta que promueve las obras del Santuario y nombrará al arquitecto Federico Aparici como responsable técnico de las obras de construcción de la basílica, las cuales se concluirán definitivamente en 1902. Durante su mandato comenzarán las obras de la construcción del Gran Hotel Pelayo.

El obispo Sanz y Forés

Benito Sanz y Forés nace el 21 de marzo de 1828 en la localidad valenciana de Gandía. Estudiará Filosofía y Derecho en la Universidad de Valencia, obtiene el doctorado en 1848. Continúa sus estudios en el seminario de Valencia obteniendo el doctorado en derecho canónico en 1853 y el de teología en 1857.
Es ordenado sacerdote el 27 de marzo de 1852. Trabaja en la archidiócesis de Valencia como profesor de derecho canónico en su seminario entre los años 1851 y 1857y posteriormente será nombrado Vicario general.
El 22 de junio de 1868 fue nombrado Obispo de Oviedo por el papa Pío XI, tomando posesión del obispado el 8 de noviembre de 1868. Participará muy activamente en el Concilio Vaticano I, celebrado entre los años 1869 y 1870. Restaurará la capilla del Palacio Episcopal y el retablo mayor de la Catedral. Asimismo obtuvo de Pío XI el privilegio de basílica para la Santa Iglesia Catedral de Oviedo.
Será en Covadonga donde más se notará su obra. En 1872 impulsará decididamente las obras para restauración material del Santuario. Llevando a cabo con la colaboración del canónigo Máximo de la Vega y del dibujante Roberto Frassinelli las obras del Camarín de la Virgen en la Santa Cueva y de una capilla. A su vez, inició las obras para la construcción de la gran basílica en el cerro del Cueto.
No podrá culminar la obra comenzada en Covadonga, ya que el 18 de noviembre de 1881 es preconizado Arzobispo de Valladolid tomando posesión del cargo el 31 de marzo de 1882. Posteriormente, el 30 de diciembre de 1889 es nombrado Arzobispo de Sevilla y cuatro años más tarde es nombrado cardenal de San Eusebio por el Papa León XIII. Falleció en Madrid en 1895.

lunes, 12 de abril de 2010

Pedro Poveda. Un santo en Covadonga

El padre Pedro Poveda había nacido, el 3 de diciembre de 1874, en Linares Jaén. Era hijo de una familia muy cristiana formada por José Poveda y Linarejos Castroverde. Desde muy joven siente vocación por el sacerdocio y, en 1888, entra en el Seminario de Jaén.
En 1884 obtiene una beca para estudiar en el Seminario de Guadix (Granada), donde fue ordenado sacerdote el 17 de abril de 1897. Será durante sus primeros años co
mo sacerdote en el propio Guadix, cuando se traslada a vivir al barrio de las cuevas, para desde allí llevar a cabo su labor de apostolado entre los más pobres. Aporta recursos, predica misiones populares y organiza las Conferencias de San Vicente de Paúl, para despertar la sensibilidad de toda la población por la situación de indigencia de estos barrios.
En 1902, convencido de la importancia de la educación, funda las Escuelas del Sagrado Corazón para niños y niñas pobres, aplicando los métodos de la Escuela Nueva contextualizados para aquella población, al estilo de las Escuelas del Ave María, del Padre Manjón.
En 1906, el padre Poveda es nombrado canónigo de la basílica de Covadonga, donde perteneciendo a la junta de obras del Cabildo, se ocupó del remate de las obras de túnel de acceso a la Santa Cueva y de la finalización del Gran Hotel Pelayo. Impulsó notablemente las peregrinaciones a Covadonga organizando la Congregación Nacional de Nuestra Señora de Covadonga en el año 1908. A su vez, inició su proyecto de preparar profesores cristianos laicos para evangelizar y, para ello, publicó diversos escritos sobre la problemática educativa y la formación del profesorado.
En Gijón, en 1911, funda una Academia Pedagógica para maestros y, preocupado por la promoción de la mujer, abre una Academia Femenina para estudiantes de Magisterio.
En 1913, abandona Covadonga y regresa a Jaén, donde ayudado por la joven estudiante de la Escuela Superior de Magisterio Josefa Segovia, funda la Institución Teresiana. En la que se dedicará a trabajar con profesores y maestros.
En el año 1921, es nombrado Capellán Real, por lo que se tiene que trasladar a Madrid. Aquí trabajará muy activamente en la Comisión Nacional contra el Analfabetismo, en colaboración muy estrecha con la periodista y creadora de los sindicatos femeninos católicos de María de Echarri. Sobre todo su preocupación serán los marginados
La Institución Teresiana es aprobada por el Papa Pío XI en 1924 como Pía Unión de Fieles a nivel internacional para que hombres y mujeres, desde sus diversas profesiones y especialmente en el ámbito de la educación y la cultura, trabajen por la transformación humana y social, según el Evangelio. Se le confía la organización de las Estudiantes Católicas y de las Juventudes Femeninas Universitarias, pertenecientes a la naciente Acción Católica Femenina.
A partir de 1930, ingresa en la Hermandad del Refugio de Madrid para servir a los pobres, así como a los niños huérfanos y abandonados. Murió fusilado en Madrid el 28 de julio de 1936, a los 61 años de edad, por el bando republicano. Sus últimas palabras fueron:
Soy sacerdote de Cristo.
Fue beatificado en Roma en 1993 junto a Victoria Díez, también miembro de la Institución Teresiana, y canonizado en Madrid en 2003, por el papa Juan Pablo II.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Acta de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de Covadonga (XII Centenario) 1918

En el histórico Santuario de Covadonga, solar de la Reconquista y cuna de la Monarquía española, a las diez y media de la mañana del día ocho de septiembre de mil novecientos diez y ocho, el Excmo. Sr. D. Francisco Baztán y Urniza, Obispo de la Diócesis, hallándose presentes S.S. M.M. D. Alfonso XIII y Dª Victoria Eugenia; el Excmo. señor Ministro de Fomento D. Francisco Cambó; el Emmo. Cardenal Dr. D. Victoriano Guisasola, Arzobispo de Toledo y Primado de las Españas; los Excmos. Dres. D. Eustaquio Hundain, D. José Miranda Álvarez, D. Ángel Regueras López y D. Ramiro Valbuena, Obispos de Orense, León, Plasencia y Auxiliar de Santiago; Alcalde e Ilma. Corporación municipal de Cangas de Onís; Excma. Diputación provincial; Excmo. Sr. Capitán General de la Región; Ilmos. Señores Gobernadores civil y militar de la provincia, Senadores y Diputados a Cortes, M. I. Sr. Deán y representaciones del Excelentísimo Cabildo de Oviedo; Comisiones del Seminario Conciliar y de la Universidad; Ilmo. Señor Presidente de la Audiencia y Colegio de Abogados, hace entrega al Ilmo. Cabildo de la Real Colegiata de Covadonga, por sí y en nombre de la Junta Diocesana que preside, de las CORONAS del Niño y de la Virgen María, hechas con alhajas y dinero del pueblo asturiano, donativo que se completará en breve plazo con el tríptico que se construye, como cajas de dichas coronas, y encarece a dicho Ilmo. Cabildo la fiel custodia de tan preciadas joyas que, además del valor que representa el material de que se componen, tienen el inestimable valor de ser la expresión del sentimiento, del alma de Asturias, que en el XII Centenario de la batalla de Covadonga quiere coronar a la Virgen de sus montañas, bajo cuya sombra tutelar ha visto desenvolverse su brillantísima historia.
En testimonio de lo cual se extiende la presente acta, en el lugar y día ya citados.


Firman:
Alfonso XIII.- Victoria Eugenia.- F. Cambó.- El Duque de Santo Mauro.- El Maruqués de Viana.- La Duquesa de San Carlos.- Antero Rubín.- Victoriano Guisasola, Arzobispo de Toledo.- Eustaquio, Obispo de Orense.- José, Obispo de León.- Ramiro, Obispo auxiliar de Santiago.- Ángel, Obispo de Plasencia.- Armando de las Alas Pumariño,- José González Sánchez.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Federico Aparici, “Maestro” de Arquitectos y director técnico del Gran Hotel Pelayo.

Federico Aparici y Soriano nace en Valencia el 4 de febrero de 1832. En la ciudad del Turia realiza sus primeros estudios y antes de terminar el Bachillerato, el 16 de febrero de 1850, es nombrado profesor sustituto de Matemáticas en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valencia por lo que resta de curso. Posteriormente se traslada a Madrid, donde se matricula en la Escuela Superior de Arquitectura. A los veintidós años es premiado en dicha Escuela por el proyecto para la construcción del monumento sepulcral de Mendizábal, Argüelles y Calatrava, que más tarde se realizaría en el cementerio de la Sacramental de San Salvador y San Nicolás de la Villa y Corte. Al concurso concurrieron un total de veinticuatro proyectos, pero sólo el suyo fue premiado y merecedor de grandes elogios en la publicación de una Memoria en la que la comisión organizadora se hacía eco del descubrimiento de un nuevo artista. Un año más tarde, el 21 de marzo de 1855, termina la carrera de Arquitectura y comienza la docencia en el Real Instituto Industrial donde obtiene por oposición, el 21 de mayo de 1856, la Cátedra de Construcciones Civiles.
El 28 de octubre de 1867, por supresión del Real Instituto, consigue el traslado a la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid y es nombrado Catedrático de Topografía. En esta institución también desempeñaría las Cátedras de Aplicación Gráfica de la Teoría del Arte y la de Aplicación de Materiales a la Construcción y Decoración, así como los cargos de Secretario y Director, entre 1896 y 1910. A su vez, a propuesta del profesorado, fue elegido Consejero de Instrucción Pública y actuó, en su etapa de director, como Vocal de las Juntas de Urbanización y Obras del Ministerio de la Gobernación y de la Facultativa de Construcciones Civiles.

Desde el 29 de mayo de 1903 hasta su fallecimiento, fue Vocal de la Junta Facultativa e Inspector de la segunda zona del servicio de Construcciones Civiles del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Todos sus méritos y servicios prestados fueron reconocidos públicamente por el Estado otorgándole la gran Cruz de Isabel la Católica primero y la Encomienda de número de Alfonso XII, más tarde. También mediante Real Orden de 27 de abril de 1915 publicada en el número 123 de la Gaceta de Madrid, correspondiente al día 3 de mayo del mismo año, en la que se le confirma “con la antigüedad de 1º de Enero…, en el cargo de Profesor numerario de Construcción Arquitectónica de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, con un sueldo anual, desde la misma fecha, de 12.500 pesetas, como comprendido en la primera categoría del escalafón del Profesorado de dicha escuela, donde figura con el número 1, y 500 pesetas más por razón de residencia”. En esa misma Real Orden también se confirma en el cargo a otros profesores compañeros suyos, como Luis Esteve y Fernández Caballero, Manuel Aníbal Álvarez y Amoroso, Enrique Repullés y Vargas, Vicente Lampérez y Romea, Juan Moya e Idígoras, Martín Pastels y Papell, Manuel Zabala y Gallardo, Antonio Flórez Urdapilleta y Carlos Gato Soldevilla.
Persona de grandes convicciones religiosas, ecuánime, humilde y modesta prefirió ejercer como docente a ejercer como profesional de la arquitectura, pero, de todos modos, colaboró con acierto en numerosas obras particulares y civiles, entre las que destacan el Hospital de Epilépticos de Carabanchel o el proyecto de restauración de la iglesia parroquial de Santo Tomás de Madrid, que por desgracia no se llegó a realizar.
Tras sesenta años dedicados a la enseñanza, solicita su jubilación en 1914 y fallece en Madrid, en la casa número 82 de la calle Ferraz, el 30 de noviembre de 1917. Muchos de sus amigos y discípulos echaron en falta que no hubiera publicado su Curso sobre Construcciones ya que él mismo había mostrado interés en hacerlo. Su memoria siempre estuvo presente entre sus compañeros como en el caso de Manuel Zabala quien escribió, en el primer número de la revista Arquitectura, órgano oficial de la Sociedad Central de Arquitectos dirigida un tiempo por Moreno Villa, un artículo en el que ensalzaba la profesionalidad y la bonanza personal de este gran “Maestro” de arquitectos al que mucho le debe Covadonga.
Sus obras en Covadonga.
Pese a la gran polémica suscitada en la época con los planos de la basílica, dibujados por Frassinelli y firmados por el arquitecto Lucas Palacios, así como el male
star mostrado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Comisión Provincial de Monumentos, que se entera por la prensa de las obras que se van a realizar en Covadonga, el obispo Sanz y Forés se aferró, para poder continuar los trabajos, a la Real Orden dictada por Alfonso XIII en la que se aprobaba el proyecto de construcción del nuevo templo. Tampoco la Sociedad Central de Arquitectos de Madrid, que dudaba de la profesionalidad de Frassinelli, era conocedora de los proyectos que se iban a llevar a cabo en el Santuario. Una vez construidos los basamentos y la cripta, Sanz y Forés es preconizado a la Archidiócesis de Valladolid y su sucesor, Mons. Herrero Espinosa de los Monteros suspende las obras, según el Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Oviedo, “ya porque carecía de medios para continuarlos, ya porque no había planos de la obra que se proyectaba”.
Tras el breve pontificado de éste, llega a hacerse cargo de la diócesis ovetense Fray Ramón Martínez Vigil, un fraile dominico asturiano, que pone como condición para su nombramiento que se reanuden las obras de Covadonga. Para que no vuelvan a reproducirse polémicas entre los diferentes organismos implicados en la supervisión de las obras de renovación del Santuario, Martínez Vigil se entrevista con Federico Aparici, al que conoce de su época como profesor de la Universidad Central de Madrid, para ofrecerle que sea el encargado de dirigir los proyectos de las edificaciones en Covadonga. En un principio, Aparici, fue contrario a esta idea pero finalmente sus profundas convicciones religiosas le llevaron a aceptar el encargo.
Según publica el Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Oviedo de 2 de octubre de 1887 intervino también la Junta de Oviedo que es quien le encarga la dirección de las obras del templo de Covadonga, “rogándole que sin pérdida de tiempo se ocupase en la formación de los planos y de la memoria” (…). El problema no fue fácil, como nos sigue comentando, ya que se encontró con los cimientos y la cripta hecha. Además Aparici, tras el fracaso profesional que le había supuesto el desplome de la iglesia de la Santa Cruz, que se estaba construyendo bajo su dirección, ponía en duda la fiabilidad de la obra a realizar. Su residencia madrileña, lejana a Covadonga, le hizo buscar ayuda en personas que pudieran resolver al instante los problemas técnicos que pudieran surgir. Entre ellas podemos destacar a Mariano Esbric, Lucas Palacios, Nicolás García Rivero, Mauricio Jalvo y, sobre todo, al canónigo don Máximo de la Vega que siempre
estaba como canónigo fabriquero a pie de obra.
A partir de 1884, según se recoge en las Pastorales de Fray Ramón Martínez Vigil, (Tomo I. Madrid, 1896 pág. 54), Aparici dirigió las obras de finalización de la Cripta según el diseño de Frassinelli; se terminó el almenado de la plaza; se levantó el soberbio y elegante muro de sostenimiento que une la plaza del templo con la de los canónigos; se construyó una escalinata monumental; se coronó de almenas toda la obra y se construyó, frente a la explanada de la futura Basílica, la “Casona” del Obispo o Palacio Abacial.
Una vez obtenido el visto bueno la Real Academia de San Fernando, la cual había creado una comisión encargada de velar por el cumplimiento de las obras conforme a los proyectos aprobados, se continuó con otros proyectos entre los que se encontraba la construcción de un gran hotel para albergar a todos aquellos peregrinos o turistas que se acercaran hasta el santo lugar o visitaran los bellos parajes de la montaña de Covadonga. El diseño, en este caso, también corrió a cargo de Federico Aparici, quien en 1891 ya tendría ideada su estructura. Un año más tarde, según la Memoria sobre el templo monumental de Covadonga ya se había sacado de cimientos y se comenzó a edificar la estructura del edificio. Por lo tanto, se puede afirmar que es en 1892 cuando comienza a levantarse el conocido y emblemático Gran Hotel Pelayo.
Durante los primeros años el ritmo de las obras fue lento debido a la escasez de medios económicos y a que todos los esfuerzos se dedicaron a finalizar las obras de la basílica। En apenas ocho años solamente se había edificado la primera planta del ed
ificio। Tanto en las obras de la Basílica, como en las del hotel, fue necesario contar con un gran número de trabajadores, sobre todo canteros para labrar la piedra, que atraídos por los salarios que aquí se pagaban llegarían de toda la región, incluso de fuera de Asturias. Muchos de ellos se establecieron en Covadonga y alrededores, como es el caso del cercano pueblo de La Riera donde llegaron a popularizar composiciones poéticas como la que ha pervivido en el cancionero popular:

Canteros de Covadonga
los que baxéis a la Riera,
si queréis beber buen vinu
cortexái la tabernera.



Una vez finalizadas las obras de la Basílica, se aceleraron las del hotel al poder utilizar muchos de estos trabajadores. A finales de agosto de 1901, Aparici visita Covadonga para ultimar detalles ante la inminente consagración de la basílica que tendría lugar el 7 de septiembre de 1901. Manuel Zabala y Gallardo, compañero suyo en la Escuela de Arquitectura, resumió la dirección de éste en la obra de la siguiente manera:
“Realizó uno de los más interesantes recuerdos de arquitectura antigua que hoy es frecuente hacer en edificios religiosos, siendo éste notable por su respeto al estilo histórico, pues la pureza de la composición general está acompañada con detalles originales, ninguno copiado, y todos muy dentro del estilo adoptado. El conjunto del templo se acomoda perfectamente al singular emplazamiento en que se eleva, y no obstante sus reducidas dimensiones y la obligada limitación de su coste, puede calificarse como una de las obras de mayor importancia artística de las realizadas en España recientemente”
También aprovechó la visita para supervisar como avanzaban las obras del hotel, entonces a medio construir, y conocer los proyectos que el Cabildo tenía para engrandecer el Real Sitio. A la vez que se levantaba el hotel, se llevaron a cabo una serie de actuaciones que implicaban la mejora en los accesos al santuario. Proyectadas por el ingeniero de la Jefatura de Obras Públicas de Oviedo, Víctor García de Castro, consistieron en excavar un túnel en el monte Auseva para acceder a la cueva desde la zona alta de la basílica, explanar y ampliar el terreno situado frente a la Colegiata y levantar el muro que llega hasta el hotel, prolongar el muro de Ventura Rodríguez y la plazoleta que hay bajo la cueva, que se adornó con dos artísticos pilones de piedra diseñados también por Aparici y que servían para marcar la entrada al recinto sacro. (Después de las reformas llevadas a cabo en el santuario por García Lomas, a comienzos de los años sesenta, estos fueron desplazados hasta el Repelao donde hoy marcan la entrada al Parque Nacional de los Picos de Europa).
En 1906 los trabajos ya van muy adelantados, pero en enero de 1907 el obispo ordena disolver la comisión de obras con sede en Oviedo, entonces es cuando el Abad, Nemesio Barinaga y Egocheaga, nombra una nueva junta formada por Pedro Poveda, Jenaro Suárez de la Viña, Miguel Alea o José Comas, entre otros canónigos que se alternaban en los cargos, y que es la encargada de llevar el control de los trabajos que todavía se han de efectuar en Covadonga.
A finales de 1908 el edificio está terminado, sólo queda acondicionarlo interiormente. Un año más tarde, en la reunión del Cabildo celebrada el 27 de abril de 1909 el Abad informa a los canónigos, en nombre de la comisión de obras, que los trabajos del hotel están prácticamente terminados y que “puede inaugurarse para el mes de junio”. Vistas las bases que presentó don Enrique Álvarez Victorero y tras las oportunas correcciones dictadas por el Cabildo se decidió ceder a éste la gestión.
Al igual que la basílica, se construyó en un tipo de piedra característica de la zona de Covadonga, caliza griotte de color rosado que cuando se pule adopta formas marmóreas. Esta era extraída de la cantera que había por el camino que sube a Peñalba, en el mismo Monte Auseva y a escasos metros del edificio en construcción, desde allí se transportaba hasta unas techumbres o cobertizos que se encontraban a pie de obra donde se labraba y se le daba la forma adecuada antes de utilizarla.
Mª Misericordia Ordóñez Vicente, en su obra José Gurruchaga, ejemplos de una arquitectura en evolución, enmarca la obra realizada por Aparici en Covadonga dentro del neomedievalismo que surge dentro del imperante neocatolicismo de la Restauración Alfonsina.