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lunes, 16 de abril de 2012

La construcción del Hostal Favila de Covadonga.

La idea de construir el hostal Favila de Covadonga puede decirse que surgió ante la falta de infraestructura hotelera tras los multitudinarios actos que se llevaron a cabo en 1918, año en el que tuvieron lugar importantes acontecimientos como la Coronación Canónica de la Virgen y la creación del primer Parque Nacional de España, el de la Montaña de Covadonga. Además de la devoción religiosa, otros valores como los históricos, así como la nueva valoración de la naturaleza fueron también causas que favorecieron el incremento del turismo en la zona y sus alrededores. Todos estos factores hicieron que fuese necesario el promover en el Santuario nuevos hospedajes, hasta entonces reducidos a la fonda de la Roxa, la casa de novenas o el Gran Hotel Pelayo, donde la clase más humilde no podía alojarse debido al alto precio a pagar. Esta última causa fue otro de los motivos por los que el Cabildo decidió construir un nuevo alojamiento en el que todas las personas, pudientes y no pudientes, tuvieran cabida.Las obras comenzaron en diciembre de 1920 gracias al espléndido donativo de 100.000 pesetas que un mes antes había entregado el benefactor Rafael Fabián, un indiano natural de Villamayor que con anterioridad había regalado un altar de mármol para la cripta de la basílica. Aunque el elevado importe pudiera llamar la atención, y más si tenemos en cuenta el año en que fue realizado, no fue más que el comienzo de una serie de donativos y suscripciones de personas de toda condición social que sin embargo resultarían insuficientes para poder culminar tan ardua tarea.Ya en la sesión del cabildo celebrada el 17 de octubre de 1924 se citaba la precaria situación para continuar las obras y se habló de la posibilidad de solicitar un empréstito de unas 25.000 ptas. para poder continuar con los trabajos. Ante la falta de recursos, fueron los propios capitulares los encargados de crear una comisión cuya encomienda fuese la de recaudar nuevos fondos con los que continuar los trabajos. Uno de los primeros acuerdos adoptados por dicha comisión fue emprender un viaje de propaganda por Puerto Rico y La Habana, expedición que fue encabezada por el magistral de Covadonga, don Samuel Fernández Miranda y por el Doctoral, don Manuel Loredo Somonte. Ésta, en compañía del conde Rodríguez Sampedro y del arquitecto García Lomas, encargado de la obras de engrandecimiento del santuario, previamente había sido recibida en el Palacio Real por el rey Alfonso XIII. Para su iniciativa también consiguieron la colaboración de la Excelentísima Diputación, entidad que consignó, en 1925, una partida de 75.000 ptas. destinada a las obras del hostal.  Al año siguiente se volvió a agotar el presupuesto y las obras se tuvieron que paralizar durante tres años, tiempo tras el cual se consiguieron nuevas aportaciones que también resultaron insuficientes. Para continuar la edificación, el Cabildo, hubo de solicitar un empréstito al que de nuevo se unieron numerosos suscriptores particulares y anónimos, entre los que se encontraba el Patronato Nacional del Turismo quien, hasta finalizar la obra, contribuiría con una sustanciosa subvención anual.Su inauguración tuvo lugar el domingo 9 de agosto de 1931 y tuvieron que pasar once largos años para ver concluido uno de los mayores retos a los que tuvo que enfrentarse el Cabildo de la pasada década de los años 20. Fue el Abad, don Manuel Tamargo, el encargado de la bendición en un sencillo acto al que acudieron el Alcalde de Cangas de Onís, que ostentaba la representación del Gobernador Civil de Asturias, los Marqueses de Teverga, los señores de Miranda, el representante en Asturias del Patronato de Turismo, doña Isabel Maqua, los representantes de la prensa y gran cantidad de personas llegadas de diversos lugares de la comarca a pesar de las desagradables condiciones climatológicas con las que amaneció aquel día.Tras el acto de inauguración tuvo lugar el tradicional banquete, terminado el cual, el Abad dirigió unas palabras a los asistentes en un breve pero emocionante discurso cargado de agradecimientos para todos aquellos que habían contribuido en la ejecución y la financiación del proyecto hotelero. También hubo un recuerdo a modo de oración para los que ya no estaban presentes, personas que contribuyeron o trabajaron en la obra y que, debido a los retrasos, no pudieron verla terminada.El proyecto y diseño del edificio corresponde a los arquitectos Lomas y Manchobas mientras que la ejecución fue llevada a cabo por personas de su confianza como Inocencio Niembro y Emilio González Capitel.Según comenta el diario Región, en la crónica que ofrece de la inauguración, por aquel entonces este sobrio edificio ya contaba con unas “modernas instalaciones” entre las que destacaban las de “calefacción, saneamiento, y lavaderos mecánicos, que fueron hechas por la acreditada casa R. Nuño”, que tenía su sede en los números 8 y 10 de la madrileña avenida del Conde de Peñalver.

lunes, 12 de abril de 2010

Pedro Poveda. Un santo en Covadonga

El padre Pedro Poveda había nacido, el 3 de diciembre de 1874, en Linares Jaén. Era hijo de una familia muy cristiana formada por José Poveda y Linarejos Castroverde. Desde muy joven siente vocación por el sacerdocio y, en 1888, entra en el Seminario de Jaén.
En 1884 obtiene una beca para estudiar en el Seminario de Guadix (Granada), donde fue ordenado sacerdote el 17 de abril de 1897. Será durante sus primeros años co
mo sacerdote en el propio Guadix, cuando se traslada a vivir al barrio de las cuevas, para desde allí llevar a cabo su labor de apostolado entre los más pobres. Aporta recursos, predica misiones populares y organiza las Conferencias de San Vicente de Paúl, para despertar la sensibilidad de toda la población por la situación de indigencia de estos barrios.
En 1902, convencido de la importancia de la educación, funda las Escuelas del Sagrado Corazón para niños y niñas pobres, aplicando los métodos de la Escuela Nueva contextualizados para aquella población, al estilo de las Escuelas del Ave María, del Padre Manjón.
En 1906, el padre Poveda es nombrado canónigo de la basílica de Covadonga, donde perteneciendo a la junta de obras del Cabildo, se ocupó del remate de las obras de túnel de acceso a la Santa Cueva y de la finalización del Gran Hotel Pelayo. Impulsó notablemente las peregrinaciones a Covadonga organizando la Congregación Nacional de Nuestra Señora de Covadonga en el año 1908. A su vez, inició su proyecto de preparar profesores cristianos laicos para evangelizar y, para ello, publicó diversos escritos sobre la problemática educativa y la formación del profesorado.
En Gijón, en 1911, funda una Academia Pedagógica para maestros y, preocupado por la promoción de la mujer, abre una Academia Femenina para estudiantes de Magisterio.
En 1913, abandona Covadonga y regresa a Jaén, donde ayudado por la joven estudiante de la Escuela Superior de Magisterio Josefa Segovia, funda la Institución Teresiana. En la que se dedicará a trabajar con profesores y maestros.
En el año 1921, es nombrado Capellán Real, por lo que se tiene que trasladar a Madrid. Aquí trabajará muy activamente en la Comisión Nacional contra el Analfabetismo, en colaboración muy estrecha con la periodista y creadora de los sindicatos femeninos católicos de María de Echarri. Sobre todo su preocupación serán los marginados
La Institución Teresiana es aprobada por el Papa Pío XI en 1924 como Pía Unión de Fieles a nivel internacional para que hombres y mujeres, desde sus diversas profesiones y especialmente en el ámbito de la educación y la cultura, trabajen por la transformación humana y social, según el Evangelio. Se le confía la organización de las Estudiantes Católicas y de las Juventudes Femeninas Universitarias, pertenecientes a la naciente Acción Católica Femenina.
A partir de 1930, ingresa en la Hermandad del Refugio de Madrid para servir a los pobres, así como a los niños huérfanos y abandonados. Murió fusilado en Madrid el 28 de julio de 1936, a los 61 años de edad, por el bando republicano. Sus últimas palabras fueron:
Soy sacerdote de Cristo.
Fue beatificado en Roma en 1993 junto a Victoria Díez, también miembro de la Institución Teresiana, y canonizado en Madrid en 2003, por el papa Juan Pablo II.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Federico Aparici, “Maestro” de Arquitectos y director técnico del Gran Hotel Pelayo.

Federico Aparici y Soriano nace en Valencia el 4 de febrero de 1832. En la ciudad del Turia realiza sus primeros estudios y antes de terminar el Bachillerato, el 16 de febrero de 1850, es nombrado profesor sustituto de Matemáticas en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valencia por lo que resta de curso. Posteriormente se traslada a Madrid, donde se matricula en la Escuela Superior de Arquitectura. A los veintidós años es premiado en dicha Escuela por el proyecto para la construcción del monumento sepulcral de Mendizábal, Argüelles y Calatrava, que más tarde se realizaría en el cementerio de la Sacramental de San Salvador y San Nicolás de la Villa y Corte. Al concurso concurrieron un total de veinticuatro proyectos, pero sólo el suyo fue premiado y merecedor de grandes elogios en la publicación de una Memoria en la que la comisión organizadora se hacía eco del descubrimiento de un nuevo artista. Un año más tarde, el 21 de marzo de 1855, termina la carrera de Arquitectura y comienza la docencia en el Real Instituto Industrial donde obtiene por oposición, el 21 de mayo de 1856, la Cátedra de Construcciones Civiles.
El 28 de octubre de 1867, por supresión del Real Instituto, consigue el traslado a la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid y es nombrado Catedrático de Topografía. En esta institución también desempeñaría las Cátedras de Aplicación Gráfica de la Teoría del Arte y la de Aplicación de Materiales a la Construcción y Decoración, así como los cargos de Secretario y Director, entre 1896 y 1910. A su vez, a propuesta del profesorado, fue elegido Consejero de Instrucción Pública y actuó, en su etapa de director, como Vocal de las Juntas de Urbanización y Obras del Ministerio de la Gobernación y de la Facultativa de Construcciones Civiles.

Desde el 29 de mayo de 1903 hasta su fallecimiento, fue Vocal de la Junta Facultativa e Inspector de la segunda zona del servicio de Construcciones Civiles del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Todos sus méritos y servicios prestados fueron reconocidos públicamente por el Estado otorgándole la gran Cruz de Isabel la Católica primero y la Encomienda de número de Alfonso XII, más tarde. También mediante Real Orden de 27 de abril de 1915 publicada en el número 123 de la Gaceta de Madrid, correspondiente al día 3 de mayo del mismo año, en la que se le confirma “con la antigüedad de 1º de Enero…, en el cargo de Profesor numerario de Construcción Arquitectónica de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, con un sueldo anual, desde la misma fecha, de 12.500 pesetas, como comprendido en la primera categoría del escalafón del Profesorado de dicha escuela, donde figura con el número 1, y 500 pesetas más por razón de residencia”. En esa misma Real Orden también se confirma en el cargo a otros profesores compañeros suyos, como Luis Esteve y Fernández Caballero, Manuel Aníbal Álvarez y Amoroso, Enrique Repullés y Vargas, Vicente Lampérez y Romea, Juan Moya e Idígoras, Martín Pastels y Papell, Manuel Zabala y Gallardo, Antonio Flórez Urdapilleta y Carlos Gato Soldevilla.
Persona de grandes convicciones religiosas, ecuánime, humilde y modesta prefirió ejercer como docente a ejercer como profesional de la arquitectura, pero, de todos modos, colaboró con acierto en numerosas obras particulares y civiles, entre las que destacan el Hospital de Epilépticos de Carabanchel o el proyecto de restauración de la iglesia parroquial de Santo Tomás de Madrid, que por desgracia no se llegó a realizar.
Tras sesenta años dedicados a la enseñanza, solicita su jubilación en 1914 y fallece en Madrid, en la casa número 82 de la calle Ferraz, el 30 de noviembre de 1917. Muchos de sus amigos y discípulos echaron en falta que no hubiera publicado su Curso sobre Construcciones ya que él mismo había mostrado interés en hacerlo. Su memoria siempre estuvo presente entre sus compañeros como en el caso de Manuel Zabala quien escribió, en el primer número de la revista Arquitectura, órgano oficial de la Sociedad Central de Arquitectos dirigida un tiempo por Moreno Villa, un artículo en el que ensalzaba la profesionalidad y la bonanza personal de este gran “Maestro” de arquitectos al que mucho le debe Covadonga.
Sus obras en Covadonga.
Pese a la gran polémica suscitada en la época con los planos de la basílica, dibujados por Frassinelli y firmados por el arquitecto Lucas Palacios, así como el male
star mostrado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Comisión Provincial de Monumentos, que se entera por la prensa de las obras que se van a realizar en Covadonga, el obispo Sanz y Forés se aferró, para poder continuar los trabajos, a la Real Orden dictada por Alfonso XIII en la que se aprobaba el proyecto de construcción del nuevo templo. Tampoco la Sociedad Central de Arquitectos de Madrid, que dudaba de la profesionalidad de Frassinelli, era conocedora de los proyectos que se iban a llevar a cabo en el Santuario. Una vez construidos los basamentos y la cripta, Sanz y Forés es preconizado a la Archidiócesis de Valladolid y su sucesor, Mons. Herrero Espinosa de los Monteros suspende las obras, según el Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Oviedo, “ya porque carecía de medios para continuarlos, ya porque no había planos de la obra que se proyectaba”.
Tras el breve pontificado de éste, llega a hacerse cargo de la diócesis ovetense Fray Ramón Martínez Vigil, un fraile dominico asturiano, que pone como condición para su nombramiento que se reanuden las obras de Covadonga. Para que no vuelvan a reproducirse polémicas entre los diferentes organismos implicados en la supervisión de las obras de renovación del Santuario, Martínez Vigil se entrevista con Federico Aparici, al que conoce de su época como profesor de la Universidad Central de Madrid, para ofrecerle que sea el encargado de dirigir los proyectos de las edificaciones en Covadonga. En un principio, Aparici, fue contrario a esta idea pero finalmente sus profundas convicciones religiosas le llevaron a aceptar el encargo.
Según publica el Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Oviedo de 2 de octubre de 1887 intervino también la Junta de Oviedo que es quien le encarga la dirección de las obras del templo de Covadonga, “rogándole que sin pérdida de tiempo se ocupase en la formación de los planos y de la memoria” (…). El problema no fue fácil, como nos sigue comentando, ya que se encontró con los cimientos y la cripta hecha. Además Aparici, tras el fracaso profesional que le había supuesto el desplome de la iglesia de la Santa Cruz, que se estaba construyendo bajo su dirección, ponía en duda la fiabilidad de la obra a realizar. Su residencia madrileña, lejana a Covadonga, le hizo buscar ayuda en personas que pudieran resolver al instante los problemas técnicos que pudieran surgir. Entre ellas podemos destacar a Mariano Esbric, Lucas Palacios, Nicolás García Rivero, Mauricio Jalvo y, sobre todo, al canónigo don Máximo de la Vega que siempre
estaba como canónigo fabriquero a pie de obra.
A partir de 1884, según se recoge en las Pastorales de Fray Ramón Martínez Vigil, (Tomo I. Madrid, 1896 pág. 54), Aparici dirigió las obras de finalización de la Cripta según el diseño de Frassinelli; se terminó el almenado de la plaza; se levantó el soberbio y elegante muro de sostenimiento que une la plaza del templo con la de los canónigos; se construyó una escalinata monumental; se coronó de almenas toda la obra y se construyó, frente a la explanada de la futura Basílica, la “Casona” del Obispo o Palacio Abacial.
Una vez obtenido el visto bueno la Real Academia de San Fernando, la cual había creado una comisión encargada de velar por el cumplimiento de las obras conforme a los proyectos aprobados, se continuó con otros proyectos entre los que se encontraba la construcción de un gran hotel para albergar a todos aquellos peregrinos o turistas que se acercaran hasta el santo lugar o visitaran los bellos parajes de la montaña de Covadonga. El diseño, en este caso, también corrió a cargo de Federico Aparici, quien en 1891 ya tendría ideada su estructura. Un año más tarde, según la Memoria sobre el templo monumental de Covadonga ya se había sacado de cimientos y se comenzó a edificar la estructura del edificio. Por lo tanto, se puede afirmar que es en 1892 cuando comienza a levantarse el conocido y emblemático Gran Hotel Pelayo.
Durante los primeros años el ritmo de las obras fue lento debido a la escasez de medios económicos y a que todos los esfuerzos se dedicaron a finalizar las obras de la basílica। En apenas ocho años solamente se había edificado la primera planta del ed
ificio। Tanto en las obras de la Basílica, como en las del hotel, fue necesario contar con un gran número de trabajadores, sobre todo canteros para labrar la piedra, que atraídos por los salarios que aquí se pagaban llegarían de toda la región, incluso de fuera de Asturias. Muchos de ellos se establecieron en Covadonga y alrededores, como es el caso del cercano pueblo de La Riera donde llegaron a popularizar composiciones poéticas como la que ha pervivido en el cancionero popular:

Canteros de Covadonga
los que baxéis a la Riera,
si queréis beber buen vinu
cortexái la tabernera.



Una vez finalizadas las obras de la Basílica, se aceleraron las del hotel al poder utilizar muchos de estos trabajadores. A finales de agosto de 1901, Aparici visita Covadonga para ultimar detalles ante la inminente consagración de la basílica que tendría lugar el 7 de septiembre de 1901. Manuel Zabala y Gallardo, compañero suyo en la Escuela de Arquitectura, resumió la dirección de éste en la obra de la siguiente manera:
“Realizó uno de los más interesantes recuerdos de arquitectura antigua que hoy es frecuente hacer en edificios religiosos, siendo éste notable por su respeto al estilo histórico, pues la pureza de la composición general está acompañada con detalles originales, ninguno copiado, y todos muy dentro del estilo adoptado. El conjunto del templo se acomoda perfectamente al singular emplazamiento en que se eleva, y no obstante sus reducidas dimensiones y la obligada limitación de su coste, puede calificarse como una de las obras de mayor importancia artística de las realizadas en España recientemente”
También aprovechó la visita para supervisar como avanzaban las obras del hotel, entonces a medio construir, y conocer los proyectos que el Cabildo tenía para engrandecer el Real Sitio. A la vez que se levantaba el hotel, se llevaron a cabo una serie de actuaciones que implicaban la mejora en los accesos al santuario. Proyectadas por el ingeniero de la Jefatura de Obras Públicas de Oviedo, Víctor García de Castro, consistieron en excavar un túnel en el monte Auseva para acceder a la cueva desde la zona alta de la basílica, explanar y ampliar el terreno situado frente a la Colegiata y levantar el muro que llega hasta el hotel, prolongar el muro de Ventura Rodríguez y la plazoleta que hay bajo la cueva, que se adornó con dos artísticos pilones de piedra diseñados también por Aparici y que servían para marcar la entrada al recinto sacro. (Después de las reformas llevadas a cabo en el santuario por García Lomas, a comienzos de los años sesenta, estos fueron desplazados hasta el Repelao donde hoy marcan la entrada al Parque Nacional de los Picos de Europa).
En 1906 los trabajos ya van muy adelantados, pero en enero de 1907 el obispo ordena disolver la comisión de obras con sede en Oviedo, entonces es cuando el Abad, Nemesio Barinaga y Egocheaga, nombra una nueva junta formada por Pedro Poveda, Jenaro Suárez de la Viña, Miguel Alea o José Comas, entre otros canónigos que se alternaban en los cargos, y que es la encargada de llevar el control de los trabajos que todavía se han de efectuar en Covadonga.
A finales de 1908 el edificio está terminado, sólo queda acondicionarlo interiormente. Un año más tarde, en la reunión del Cabildo celebrada el 27 de abril de 1909 el Abad informa a los canónigos, en nombre de la comisión de obras, que los trabajos del hotel están prácticamente terminados y que “puede inaugurarse para el mes de junio”. Vistas las bases que presentó don Enrique Álvarez Victorero y tras las oportunas correcciones dictadas por el Cabildo se decidió ceder a éste la gestión.
Al igual que la basílica, se construyó en un tipo de piedra característica de la zona de Covadonga, caliza griotte de color rosado que cuando se pule adopta formas marmóreas. Esta era extraída de la cantera que había por el camino que sube a Peñalba, en el mismo Monte Auseva y a escasos metros del edificio en construcción, desde allí se transportaba hasta unas techumbres o cobertizos que se encontraban a pie de obra donde se labraba y se le daba la forma adecuada antes de utilizarla.
Mª Misericordia Ordóñez Vicente, en su obra José Gurruchaga, ejemplos de una arquitectura en evolución, enmarca la obra realizada por Aparici en Covadonga dentro del neomedievalismo que surge dentro del imperante neocatolicismo de la Restauración Alfonsina.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Concha Espina y “Altar Mayor”

María Concepción Jesusa Basilisa Espina, más conocida como Concha Espina, nace en Santander, el 15 de abril de 1869, fruto del matrimonio formado por el asturiano Víctor Espina Rodríguez y la montañesa Ascensión G. Tagle y de la Vega. Séptima de diez hermanos, desde muy pequeña se interesa por la escritura y con tan sólo trece años comienza a escribir poesía aunque, posteriormente, su fama le llega por sus narraciones en prosa.
Tras pasar una feliz adolescencia en el seno de una familia acomodada para la época, ya que su padre era armador y poseía algunas tierras y su madre procedía de la nobleza cántabra oriunda de Santillana del Mar, el futuro le deparó una vida llena premios y alabanzas, pero también de desgracias. La primera, fue la crisis y posterior ruina de la sociedad que don Víctor tiene con Cándido González (“Sociedad Espina y González”), la cual hace que éste se vea obligado a vender todas sus posesiones en Asturias y fijen la residencia en Mazcuerras, pueblo cercano a la provincia de Asturias y perteneciente a la vecina región cántabra. Otro duro golpe fue la muerte de su madre, en 1891, a causa de una pulmonía infecciosa. Durante dos años su familia estuvo viviendo de rentas y es entonces cuando algunos de sus hijos, entre ellos Concha Espina, regresan a Santander, donde para continuar subsistiendo venden lo poco que les queda, incluso las alhajas de su difunta madre. Un buen día, don Víctor, paseando por el muelle de Santander, se encontró con don Santiago López, primo del Marqués de Comillas, quien vista la situación en la que éste se encuentra le ofrece un puesto como contable en las minas de Ujo. Éste acepta amablemente su propuesta y se traslada toda la familia a Asturias.
En su juventud, Concha Espina fue una chica débil, seria y melancólica, sin embargo, a raíz de los trágicos momentos vividos y cuando la vida le golpea más duro se vuelve fuerte, alegre y optimista. A los veinticuatro años se casó en la iglesia de Mazcuerras con Ramón de la Serna y Cueto y se marcha a Chile, donde su marido se hace cargo de una de las mayores haciendas del país, la de su padre, don José María de la Serna y Haces-Barreda. Allí comenzó a escribir en un diario local llamado El Porteño y nacieron sus dos primeros hijos, Ramón y Víctor. Una vez retornada a España tendría otros tres, José, Josefina, y Luis.
Su matrimonio va poco a poco deteriorándose hasta que inevitablemente sobreviene la separación y, además, poco tiempo después, muere uno de sus hijos, Joseín como cariñosamente le llamaba. Lejos de enlutarse, hizo siempre lo que consideró más oportuno, sin importarle las normas esta
blecidas, por ello nunca siguió los dictados de una sociedad que le quedaba pequeña. Comenzó a vestirse con trajes claros y malvas y demostró que una mujer podía ser culta, refinada y elegante a la vez que trabajadora. Escribió en periódicos como El correo de Buenos Aires, La Atalaya, El Cantábrico, El Diario Montañés, ABC o la revista Lecturas. Pero sus éxitos literarios comienzan tras escribir la novela titulada La Niña de Luzmela. Mas tarde vendrán La Esfinge Maragata, El metal de los muertos, Altar Mayor, Un valle en el mar, Tierra firme y un largo etcétera.
En 1936 se quedó ciega, circunstancia que no impidió que continuara con su actividad literaria ayudada por una falsilla ideada por su gran amiga Montserrat Gili. Coincidió en el tiempo con el Modernismo y la Generación del 98, sin embargo no la podríamos enmarcar en ninguno de estos movimientos literarios, fue totalmente independiente. A pesar de las buenas relaciones con la monarquía, quien la promueve como embajadora de una expedición cultural por tierras de Lima, más tarde mantuvo con ella una actitud crítica frente al deterioro de España. Sin llegar a comulgar con las ideas de izquierdas, vio con buenos ojos el advenimiento de la República, pero la persecución religiosa emprendida por las turbas le hacen renegar de ésta y abrazar la causa Franquista. Viajó por todo el mundo y estuvo propuesta para el premio Nobel, que no ganó, precisamente, por el voto en contra de la Real Academia Española de la Lengua. Del mismo modo, tampoco ingresó en la Real Academia de las Letras por estar entonces vetada la entrada de mujeres en dicha institución.
Según nos cuenta en su biografía su hija Josefina, tras una lenta agonía y realizada la Señal de la Cruz, falleció en mayo de 1955 a los ochenta y seis años y en plena actividad literaria.
Premios y Obras.La mayor parte de las novelas o relatos que escribió Concha Espina se vieron siempre influenciados por los recuerdos y desgracias de juventud. Tienen como protagonistas a mujeres a las que de una manera especial se encarga de defender, aunque, conocedora de su problemática socio-laboral, también reclamó derechos para los obreros, especialmente de los mineros de Río Tinto, en Huelva. Muestra de ello son las novelas La esfinge maragata, publicada en 1914, y premiada por la Real Academia de la Lengua con el “Premio Fastenrath” o El metal de los muertos, que vio la luz en 1920.
Su fama le había llegado tras escribir, en 1909, La Niña de Luzmela, novela ambientada en el pueblo de Mazcuerras, lugar en el que residió algunos años y al que acudía en las temporadas estivales tras haber fijado su residencia en Madrid. La repercusión que tuvo entre sus lectores fue tal, que el mismo Alfonso XIII, en su honor, ordenó cambiar el nombre de este pueblo por el de Luzmela, aunque hoy en día de nuevo ha vuelto a denominarse con su nombre original.

Además del anteriormente citado, la Real Academia de la Lengua le otorgó otros galardones como el “Premio Castillo de Chirel” por la obra Tierras del Aquilón, el “Premio Espinosa Cortina” por el drama en tres actos El Jayón, o el “Premio Cervantes”, en 1950 por Un valle en el mar. Otras obras suyas son: Despertar para morir, Agua de nieve, Ruecas de marfil, Mujeres del Quijote, La rosa de los vientos, Simientes, el Cáliz Rojo, La Virgen Prudente, Retaguardia, Esclavitud y Libertad, Casilda de Toledo (vida de Santa Casilda), sus famosos poemas en prosa publicados en Pastorelas o un inédito epistolario titulado El grande y secreto amor de Antonio Machado, entre otras muchas.
Prolífica escritora, sus trabajos han sido numerosas veces reeditados y traducidos a idiomas como el Ingles, Francés, Alemán, Italiano, Portugués, Ruso, Sueco, Checo, Polaco y Holandés. Otros incluso fueron llevados al cine o la televisión como es el caso de Altar Mayor, Premio Nacional de Literatura en 1926 y en la que nos vamos a centrar en las siguientes líneas.
La novela "Altar Mayor”.Los primeros capítulos de esta novela publicada por la Editorial Renacimiento de Madrid en el mes de julio de 1926 comenzaron a difundirse en el diario regional ovetense El Carbayón. Tal fue el éxito y la acogida que tuvo entre sus lectores que, ha día de hoy, existen más de diecisiete ediciones de distintas editoriales. Entre ellas las de algunos países como Argentina o México, donde tuvo gran aceptación debido a la enorme masa de personas de origen español que allí estaban emigradas.
Para escribirla, como se documenta en varios números de la Revista Covadonga, órgano oficial del Cabildo, pasó largas temporadas en el Real Sitio y nada más ver la luz se acercó hasta el Santuario para darle gracias a la “Santina”, virgen a la que profesaba gran devoción. En el número 100 del 15 de agosto de 1926 de la entonces publicación quincenal, existen también testimonios fotográficos que nos confirman, a pie de foto, que pasó en Covadonga unos días, alojada en el Gran Hotel Pelayo, que se convierte en protagonista principal de la obra.
Escrita en un lenguaje sencillo, en esta pueden diferenciarse perfectamente dos asp
ectos: la importancia que la escritora le da a la descripción del paisaje y el relato de una compasiva y tierna historia de amor.
El argumento narra los amores entre Javier de la Escosura (típico señorito madrileño), y su prima Teresina, perteneciente a la rama pobre de la familia y natural de La Riera, pueblo cercano al Santuario de Covadonga, donde ella trabaja en la pequeña tienda de recuerdos que hay en el Hotel Pelayo. Javier llega de la capital a pasar una temporada en casa de sus tíos como prescripción médica para reponerse de sus persistentes fiebres depresivas, ya que los aires del campo le podían resultar beneficiosos. Allí se enamora de su prima y ante el altar de la Virgen de Covadonga le jura amor eterno, promesa que incumple ante los vanidosos intereses de su madre que consigue casarlo con la hija de la marquesa de Avilés. Ya repuesto de su dolencia regresa a Madrid, pero, pasado algún tiempo, Javier regresa a Covadonga y renueva la misma promesa tras resurgir el viejo amor que ya casi había desaparecido. El frágil temperamento y la poca iniciativa para la toma de decisiones de éste, ante las intenciones de su madre hacen perecer las ilusiones y esperanzas de una joven que también rechaza a Josefín, un noble mozo que siempre estuvo a su lado y a quien Teresina simplemente quería como a un hermano.
Un día en el Gran Hotel Pelayo, donde se desarrolla casi por completo la obra, la madre de Javier se pone de acuerdo con Leonor, hija de la marquesa de Avilés, y preparan una excursión a la cueva del “Bustiu” (Que se encuentra subiendo por la carretera de los lagos, no confundir con la del Buxu). Una vez allí Leonor aprovecha para fingir una caída en la cueva y la dejan sola junto a Javier, mientras el resto de la expedición regresa al hotel a pedir ayuda y contar lo sucedido. Dejar la pareja a solas en aquel lugar es la forma que tienen de atrapar al joven por aquello del ¿qué dirán?. Es entonces cuando le obligan a comprometerse con Leonor y quitarle de la cabeza a su prima. Tras una atormentada boda, en la que en esa misma noche fallece la desposada, Javier no tiene donde buscar amparo mientras que Teresina sabe encontrar un firme apoyo en Josefín, aquel noble y firme mozo en el que la escritora ha querido simbolizar el alma recia y brava de Asturias, en cuyo corazón está enclavado el Santuario de Covadonga, “Altar Mayor” de España.

La Película “Altar Mayor”.
Tras el éxito cosechado por la novela, de la que en apenas dos años se llegan a publicar veintitrés mil ejemplares, en las tres primeras ediciones de la Editorial Renacimiento, existe la intención de llevarla al cine. Por este motivo, en el mes de julio de 1928 llegan hasta Covadonga la autora, Concha Espina, la periodista Sra. de Velarocho, la Marquesa de Argüelles, doña Concha Heres y doña Isabel Maqua. La expedición, por supuesto, estuvo en el Gran Hotel Pelayo, donde fue recibida por el director, don Enrique Álvarez Victorero, quien les agasajó con un suculento banquete y donde tomaron las oportunas notas tras haber recorrido las distintas dependencias. Sin embargo esta idea no fue llevada a cabo hasta unos años más tarde, una vez concluida la guerra civil.
El proceso de grabación cinematográfica dio comienzo en 1942 y tuvo una enorme repercusión en toda Asturias. El hecho de filmar en Covadonga hizo que muchas personas se acercaran hasta el santo lugar con motivo de presenciar “in situ” el rodaje. Además de la curiosidad por saber cómo se efectuaban las películas que veían en los cines, existía la posibilidad de que fueran seleccionadas para trabajar como extra y ganarse de este modo unas “perras”.
El rodaje se realizó casi íntegramente en el Gran Hotel Pelayo, donde se estableció todo el equipo de rodaje, sin embargo algunos actores estaban alojados en el Gran Hotel de Ribadesella y se trasladaban hasta allí todos los días para realizar las distintas tomas.
“Avanza el Minerva estruendoso y jadeante…”

Así comienza tanto de la novela como la película y en ese coche se ve llegar a Javier de la Escosura hasta la misma puerta del Gran Hotel Pelayo, enclavado en las montañas de Covadonga, donde trabaja su prima Teresina, personaje encarnado por la fabulosa actriz Maruchi Fresno quien realiza un papel encomiable lleno de candidez y ternura.
El guión, en el que se refleja perfectamente el carácter y modo de vida de una tierra montañosa y provinciana, muy alejada de la capital de donde procede el señorito, fue adaptado por Margarita Robles y es fiel reflejo de la novela, aunque lógicamente resumido. La peculiaridad de los escenarios está en que todos son reales, no se realizaron en estudios ni siquiera las escenas interiores. Es el mismo Hotel Pelayo de los años cuarenta en el que puede verse la tienda de recuerdos, el cuadro de Pelayo de Madrazo, trasladado allí para la ocasión, el famoso y característico oso de madera que hoy sigue dando la bienvenida a los visitantes, la regia escalera barroca y señorial y hasta los salones y terrazas que nos recuerdan al estilo burgués y provinciano de la época.
Es de resaltar la escena del “chigre” donde se cantan asturianadas y se escancia sidra. Rodada en el Merendero de Cangas de Onís, en ella aparecen conocidos personajes locales como Ania o una preciosa “chigrera” encarnada por Luisa la del Turismo, entre otros. También actuaron la popular “Fora” y Pedrito Menéndez, en la procesión de las antorchas, Josefina Díaz y Chelo Pérez en la recogida de manzanas o Angelita Muñiz en la boda con la que termina el film.
Toda la película es un canto a las bellezas naturales de Asturias magníficamente plasmados por la mano del director de fotografía Isidoro Golderberger, que actúa bajo la acertada dirección de Gonzalo Delgrás. Cabe destacar el personaje de la solterona Adela, papel interpretado por la actriz Carmen Riazor, mientras que a Leonor le da vida una jovencísima María Dolores Pradera. En cuanto a los personajes masculinos de Josefín y Javier fueron interpretados por los actores José Suárez y Luis Peña, respectivamente; Fernando Fernández de Córdoba figura en el papel del canónigo don Elías; Luis de Arnedillo en el del doctor Yakub y Manuel de Juan en el de Santirso, director del hotel.
Todo este “bien hacer” quedó reflejado a partir de 1943 en una película llena de premios, estrenos y reestrenos que estuvo en las pantallas españolas durante muchos años cosechando grandes éxitos y que para orgullo de los asturianos, y especialmente de los Cangueses, se titula “Altar Mayor”.

sábado, 1 de agosto de 2009

Novena a la Virgen de Covadonga 2009



La novena en honor a Ntra. Sra. de Covadonga se celebra todos los años desde el 30 de agosto hasta el 7 de septiembre. Los actos comienzan a las 6 de la tarde y posteriormente la imagen, si el tiempo lo permite, se trasladará en procesión desde la Basílica hasta la Santa Cueva. Este año, siguiendo las huellas de San Pablo, la novena lleva por por título: “María, estrella de la evangelización”.

Los cultos serán los siguientes:
Domingo, 30 de Agosto -18:00h. BasílicaMaría, madre del Salvador
Predica: D. Juan José Tuñón Escalada
(Abad de Covadonga)
Lunes, 31 de Agosto -18:00h. BasílicaMaría, servidora de la palabra
Predica: P. Alfredo García Fernández
Claretiano (Gijón)

Martes, 1 de Septiembre -18:00h. Basílica
María, madre del Buen Pastor, madre del pueblo
Predica: P. Carlos Coca Cueto
Capuchino (Gijón)
Miércoles, 2 de Septiembre -18:00h. BasílicaMaría, mujer creyente
Predica: P. Mateo del Blanco Díez
Salesiano (Avilés)
Jueves, 3 de Septiembre -18:00h. BasílicaMaría, imagen y madre de la Iglesia
Predica: P. José A. Rodríguez Gutiérrez
Dominico (Oviedo)
Viernes, 4 de Septiembre -18:00h. BasílicaMaría, profecía de la justicia
Predica: P. Jesús Díaz Baizán
Jesuita (Gijón)
Sábado, 5 de Septiembre -18:00h. BasílicaMaría, esperanza de los pobres
Predica: D. Alfredo de Diego Braga
Párroco de S. Martín de Turón
Domingo, 6 de septiembre -18:00h. BasílicaMaría, evangelizadora
Predica: D. Fernando Fueyo García
Párroco de San Nicolás (Gijón)

Lunes, 7 de septiembre -18:00h. Basílica
María, madre de todos los pueblos
Predica: D. Recaredo Buenaventura Engonga Nkena
(Parroquia de Posada de Llanera)

22:00 h. Vigilia de oración con los jóvenes
(En la Santa Cueva)
Martes, 8 de Septiembre 12:00h. BasílicaSolemnidad de Ntra. Sra. de Covadonga
Preside el Excmo y Rvmo. D. Cecilio Raúl Berzosa

Ofrecen el ramu de pan a la Santina las parroquias de Peñamellera Baja

domingo, 23 de diciembre de 2007

El Barón de Covadonga

La Baronía de Covadonga fue un título concedido por la Reina Isabel II, el 13 de agosto de 1861, a Ramón Valdés y Busto Bernaldo de Quirós y de Solís, coronel de Infantería, Caballero de Carlos III, decano de Su Majestad y maestrante de Sevilla. Nació en 1821, y falleció el 2 de junio de 1890, siendo enterrado en el Claustro de la Colegiata de San Fernando del Santuario de Covadonga. Casó dos veces, la primera con Ana Balbín, y la segunda con Ángela Mon y del Hierro.
De éste último matrimonio nació Francisco Valdés y Mon, que le sucedió en el título siendo el II Barón de Covadonga. Contrajo matrimonio con Felisa Armada y Valdés, hija de D. Juan Antonio Armada y Guerra, VI Marqués de Santa Cruz de Rivadulla y de Dña. María del Rosario Valdés Ramírez de Jove, IV Marquesa de San Esteban del Mar de Natahoyo.
El III barón de Covadonga fue D. Ramón Valdés y Armada, Mayordomo de Semana del Rey Alfonso XIII, casó tres veces, pero será del último matrimonio, con Dña. María Menéndez Valdés y de Bustamante, baronesa de San Vicenso, del que le vendrá la sucesión y que es a quien hoy se deseo recordar ya que hoy hace seis años, el18 de noviembre de 2001, fallecía en su domicilio familiar en la esquina de la calle de Ayala con el Paseo de la Castellana.
D. Jesús Valdés Menéndez Valdés, IV Barón de Covadonga. Nació en Madrid el 19 de junio de 1917, hijo único de este último matrimonio fue Infantico del Pilar y a los siete años recibió su Primera Comunión en el Santuario de Covadonga. A los diez años se quedó huérfano de padre y fue su tutor testamentario su primo Luís Armada y Martín de los Ríos, Marqués de Santa Cruz de Rivadulla.
Estudió por libre el Bachillerato en Zamora, ya que residía en la casa familiar de Toro conocida como Palacio de Bustamante, ciudad con la que tenía una fuerte vinculación familiar por vía materna y una vez finalizada la guerra civil, en la que sirvió como Alférez Provisional, se incorporó a la Academia militar de Valladolid en el arma de Caballería estando destinado en Zaragoza, Córdoba y Ávila.
El 27 de abril de 1949 contrajo matrimonio en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid, ante la imagen de la Virgen de las Batallas y de Covadonga, con Dña. María Luz de la Colina y Burón, natural de Córdoba e hija de Juan José de la Colina y Gómez de Rueda y Clara Burón y Riquelme, de hidalga familia cántabra. De este matrimonio nacieron doce hijos y en el momento de su muerte contaba con veinticuatro nietos.
Su carrera militar concluyó el 1 de enero de 1955 simultaneando sus últimos años castrenses con los estudios de la Licenciatura en Derecho. En ese mismo año se incorpora al Ilustre Colegio de Abogados Madrid, ejerciendo como tal hasta su muerte.
Unos años más tarde, en 1962, obtuvo el Título de Doctor en Derecho por la Universidad de Madrid y además de ser Diplomado en Genealogía Heráldica y Nobiliaria por el Instituto Salazar y Castro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Diplomado en Cooperación por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense de Madrid fue Colaborador en diversos periódicos y revistas como ABC, Reconquista o Verbo, entre otros, firmando sus artículos con el pseudónimo de “Covadonga”. En estos medios defendió sus principios e ideales monárquicos y de democracia durante varios años. Defensor del restablecimiento de la monarquía en la persona de Don Juan de Borbón en los años durante los que ejerció la Jefatura del Estado el General Franco, esta posición le acarreó no pocos quebraderos de cabeza y sacrificios entre los que pueden señalarse el no haber podido acceder al nombramiento de “Letrado en Cortes”.
También fue autor, bajo el pseudónimo de Covadonga, de la novela “Hay acero en los escombros” escrita en abril de 1960 y publicada por la Editorial Barna, dedicando su actividad intelectual en el campo del Derecho a la publicación de numerosos libros y monografías, entre otros escritos.
Nombrado Académico correspondiente de la Real de Jurisprudencia y Legislación pronunció diversas conferencias y tuvo una etapa de actividad docente en el ámbito universitario en la que se puede destacar su colaboración como profesor de Derecho Administrativo, profesor de la Cátedra de Derecho Natural y Filosofía del Derecho, ambas en la Universidad Complutense de Madrid y el Colegio Mayor Cardenal Cisneros adscrito a dicha Universidad.
En su última etapa profesional fue Asesor Jurídico del Consejo General de Colegios de Enfermería hasta su jubilación.
Caballero Maestrante de la Real de Sevilla, Caballero Infanzón de la Virgen de la Caridad de Illescas y miembro y colaborador activo de numerosas entidades y asociaciones culturales, benéficas y religiosas y miembro activo de la Adoración Nocturna. En el momento de su fallecimiento tenía expediente abierto en el Ministerio de Justicia a la sucesión, instada a S. M. El Rey, en la merced nobiliaria de Conde del Pinar, vacante por fallecimiento de su pariente Carlos García Mon.
Hombre profundamente religioso y asiduo practicante falleció, bajo el Manto de la Virgen del Pilar, hace seis años en su domicilio familiar de Madrid rodeado de sus familiares, habiendo recibido de manos de uno de sus hijos, presbítero, los últimos sacramentos. Su vida y su persona fueron, para todos, ejemplo de caballerosidad, honradez, justicia, laboriosidad y coherencia con los principios éticos del humanismo cristiano.
En la actualidad, ostenta el título Ramón Valdés de la Colina, V Barón de Covadonga.

sábado, 12 de mayo de 2007

El Gran Hotel Pelayo

Situado en el marco incomparable del Real Sitio de Covadonga y en pleno corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa se encuentra uno de los más emblemáticos establecimientos hoteleros del Principado de Asturias, el Gran Hotel Pelayo.
Este robusto edificio, de planta rectangular y obra del insigne arquitecto Federico Aparici y Soriano, quien a su vez diseñó los planos definitivos de la Basílica de Covadonga, fue inaugurado en 1908, mismo año en el que también se abrió el túnel de acceso a la Santa Cueva desde la explanada alta del Santuario y en el que se había puesto en servicio el tranvía de vapor Arriondas – Covadonga.
Aparte de la devoción religiosa, la valoración de la naturaleza y la creación del primer Parque Nacional de España, en 1918, favorecieron enormemente el incremento del turismo en la zona de Covadonga y sus alrededores. Por ello, era necesario dar hospedaje a muchos de aquellos viajeros que necesitaban descanso tras una larga jornada recorriendo los más bellos parajes de nuestra c
omarca.
A la llegada de los turistas a la estación del Repelao se encontraban, a cualquier hora, automóviles en los que, a precios económicos, se podía subir al Santuario. Estos mismos también organizaban excursiones a los Lagos de Enol, desfiladero del Pontón y a las montañas de Ponga.
Según señala Gabriel Briones en la revista Covadonga, nº 6 del 1 de septiembre de 1922 en un artículo titulado El espíritu descansa en Covadonga, el Hotel se encontraba organizado en forma tal, que los viajeros disfrutaban de las mismas comodidades que en cualquiera de los hoteles suizos, servidos por ferrocarriles y funiculares, aunque en el Pelayo la vida era más sencilla, cómoda e independiente que en los países alpinos o en las orillas de los lagos helvéticos.
Por las mañanas los alojados en el Hotel solían ir a la Cueva de la Virgen para orar, oír misa, ver el sepulcro de Pelayo; a la basílica, donde escuchaban la celestial música que salía de los acordes del órgano; otros, sin embargo, organizaban la excursión del día. En el salón de lectura, no existían periódicos nacionales ni extranjeros, sino solamente revistas y libros de excursiones, ya que el Gerente, D. Enrique Álvarez Victorero, pensaba en los efectos desagradables que podían producir las malas noticias cuando alguien se encontraba de vacaciones. Todo estaba, pues, pensado para que no se perturbara el reposo espiritual, que tanto anhelaban las personas, que fatigadas por los avatares de la vida venían a descansar a este lujoso hotel.
Del libro de Pedro Pidal y José F. Zabala, Picos de Europa, 1918, página 92, se pueden extraer cuáles eran los precios que regían por aquellos tiempos:

“En el comedor general: cubierto, compuesto de cuatro platos, postre y vino, mesa redonda, 3 pesetas. Salón Restanurant: Cubierto de seis platos, repostería y vino, 4’50 pesetas. Comedores privados: El mismo cubierto del restaurante, con un suplemento de 3 pesetas por sala de seis cubiertos y 5 pesetas por sala de 12. Pensiones: desde 8 pesetas en adelante. Baños: por uno con jabón y ropa 1’50 pesetas. Los guías, corraleros, criados y chauffeurs que acompañan a los excursionistas, son beneficiados con un descuento”.
También dentro de la Guía de la misma revista Covadonga, citada anteriormente, se anunciaban los precios de los hospedajes y de este modo decía: “En los edificios de la Colegiata hay el Gran Hotel Pelayo, (pensión completa, desde 15 pesetas) y Fonda de la Gruta (pensión completa, desde 9 pesetas). Para peregrinos y grupos de excursionistas, se hacen rebajas proporcionales”.
Por este pasaron numerosos peregrinos, pintores, escritores, jefes de gobierno, diputados, senadores, ministros e incluso algún Rey y Príncipe. En el se celebraron bodas de distinguidas familias y personas de la sociedad asturiana, española, iberoamericana y, como no, de gente de la comarca. Para darse una idea de lo emblemático que era el hotel, señalar que en este se rodó, en 1943, la película de Gonzalo Delgrás Altar Mayor, basada en la novela del mismo nombre, de Concha Espina.
Como todo hotel tuvo momentos álgidos y momentos bajos, tras la reforma llevada a cabo en los años sesenta, obra del arquitecto Sr. Vicuña, fue entrando en un periodo de letargo del que se pretende despertar tras la reciente rehabilitación llevada a cabo en 2004-2005.
Hoy, es un hotel nuevo y elegante donde la gente puede disfrutar de la tranquilidad del paisaje gozando de su esmerada cocina tradicional.