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sábado, 9 de febrero de 2019

Palacio Valdés y Pérez Galdós en Covadonga


Muchas son las personas que a lo largo de la historia han visitado el Santuario de Covadonga y nos han dejado testimonio de su paso por este maravilloso lugar. Uno de ellos ha sido el escritor y crítico literario asturiano Armando Palacio Valdés, quien en su niñez sufrió un aparatoso accidente al caerse del caballo que montaba. Tras haber estado bastante enfermo, una vez restablecido le dijo a su madre que se había ofrecido a ir en peregrinación al Santuario de la Virgen de Covadonga.
    Como él mismo narra en la revista La Esfera, justo ahora hace cien años: “Me ofrecí, sí, pero fue después de hallarme bueno, y no por devoción, sino por el gusto de visitar el paraje donde se había iniciado la Reconquista”.
    Ese niño de buena posición no había descubierto todavía la belleza de Covadonga, recreada como un pequeño paraíso que sigue atrayendo, a lo largo de los siglos, a infinidad de peregrinos y visitantes en busca de una experiencia en plena naturaleza o que suplican paz y consuelo a la madre del Creador.
    Rápidamente su madre, Eduarda, se apresuró a dar cumplimiento a la promesa de su hijo y preparó el viaje que llevaría a Palacio Valdés a conocer Covadonga. Llegaron a última hora de la tarde, cuando ya el sol se estaba poniendo. Fue tanta la emoción que sintió al elevar los ojos, ver abrirse la vegetación y encontrarse con la tenue luz que alumbraba aquel agujero negro en el centro de una gran pared de roca caliza que su corazón comenzó a latir con fuerza, y su mente lo transportó a ese época en la que Pelayo buscó refugio y amparo en los huecos del monte Auseva. Al pisar el santuario no pudo más que exclamar: “¡Santiago y cierra España!”. El cochero, que estaba bajando las maletas, al escuchar la expresión, quedó tan sorprendido que soltó una gran carcajada al ver que aquel niño era capaz de hacer públicos unos sentimientos que muchos albergaban dentro de sí.  
    Volvió de nuevo Palacio Valdés a Covadonga en 1879, esta vez acompañado de su ilustre amigo y compañero Benito Pérez Galdós, autor de obras tan conocidas como Fortunata y Jacinta, Doña Perfecta o El Amigo Manso, libro en el que utiliza su ironía para poner en ridículo a una sociedad que menospreciaba el conocimiento, dando sólo crédito a las apariencias, y en el que describe la zona de Parres y Covadonga. A Pérez Galdós quiso enseñarle los paisajes de abundante vegetación, altas rocas y el fluir de las aguas que tanto le impactaron en su primera visita. Recorrieron los principales parajes con más curiosidad que unción, estudiaron los diferentes tipos de labriegos de la zona, interrogaron a los canónigos, compraron algún recuerdo para sus respectivas familias y escucharon las curiosas versiones que tanto eclesiásticos como seglares les contaron sobre los hechos allí sucedidos. De este modo, casi sin darse cuenta, les llegó la hora de cenar y de acostarse. Si duras estaban las chuletas que les sirvieron, más dura encontraron la cama donde habrían de dormir aquella misma noche. Tras un largo rato de conversación sobre libros, novelas, discusiones del Ateneo, críticos y editores, acabaron sucumbiendo al cansancio de la jornada y durmieron toda la noche sin pensar en las incomodidades ni en dónde se encontraban.
    A pesar de no ser muy piadoso, no sería esa la última vez que Palacio Valdés pisara Covadonga. Transcurridos los años -ya como escritor consagrado-  regresó al santuario del monte Auseva. El memorable suceso allí ocurrido – como él mismo relató – esta vez se le apareció bajo otra luz distinta.  Aquella gran hazaña de lucha de guerreros astures contra los sarracenos, que en su niñez parecía engrandecerse aún más, hoy la veía desde otro enfoque: “Es casi seguro que en la batalla de Covadonga no peleasen más de trescientos cristianos contra una pequeña columna sarracena que salió en su persecución, como afirman los historiadores árabes. Pero aquellos cristianos eran un símbolo, y un símbolo no tiene límites. Poned trescientos mil y será muy poco, poned tres millones, y lo mismo. Porque aquellos cristianos encarnaban la moral y el derecho: toda la justicia se hallaba entre sus manos en aquel momento. Los hechos no tienen más valor que el que nuestra alma les quiere dar”, decía.
    A los pies de la Santina reflexionó sobre la humanidad que “no vive de guarismos, sino de verdad, de justicia, de belleza, de valor y de genio. Y cuando todo esto se reúne a la vez, como en la inmortal batalla de Covadonga, no debe sorprender que la Virgen la dirigiese y los ángeles hayan asistido a ella”.
    Palacio Valdés, cuando le sorprendía una gran emoción, no era capaz de reprimirla y la dejaba escapar en frecuentes exclamaciones de entusiasmo. Sin embargo, muchas son las personas acostumbradas a vivir en bellos parajes y no ser capaces de apreciar la belleza que los rodea. Donde unos ven simples rocas, otros ven un paisaje sin igual; donde unos ven el escenario de una gran batalla, otros lo tildan como un paraje donde, una simple escaramuza, comenzó la rebelión de Pelayo.
    Por lo tanto, como nos dice la conocida frase del poema de Ramón de Campoamor: “…nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con el que se mira”.

Javier Remis Fernández.
(Museo de Covadonga)

sábado, 12 de enero de 2019


Ya se puede ver a la Santina en directo desde cualquier parte del mundo
Desde el pasado jueves, 10 de enero, ya se puede ver, en tiempo real, a la Virgen de Covadonga desde cualquier lugar del mundo a través de un canal de YouTube gracias a una cámara instalada en el lateral de la capilla de la Santa Cueva.
La emisión en streaming las 24 h. del día hace posible que cualquier persona, indistintamente del lugar donde se encuentre, tenga hilo directo para contemplar a la “Reina de Nuestra Montaña” sólo con entrar en: Santa Cueva – Santuario de Covadonga – 24 h.  del canal YouTube.
Acercar la Santina a todos los fieles que no puedan acercarse hasta el Santuario, por cualquier circunstancia, es una de las prioridades del Cabildo del Santuario, como ya mostró el pasado mes de septiembre de 2018 cuando comenzó a retransmitir en pruebas las celebraciones de la Novena en honor a la Virgen y el día de su festividad.
De este modo, cualquier persona con acceso a internet podrá seguir a través de la red las celebraciones religiosas que se llevan a cabo en la Santa Cueva, como por ejemplo la misa diaria de las 13:30 h. (de lunes a viernes), la de las 11:00 h. (los sábados, domingos y festivos) o el rezo del Santo Rosario que tiene lugar todos los días a las 17:00 h. 
Próximamente, a esta retransmisión en directo, se le unirán las celebraciones que se lleven a cabo en la Basílica, con lo que se pretende llegar al mayor número de fieles en todo el mundo, igual que sucede en otros santuarios internacionales como el de Fátima, en Portugal, Lourdes, en Francia o Guadalupe, en México.




jueves, 10 de enero de 2019

El Cabildo de Covadonga adquiere el libro más antiguo sobre la historia del Santuario gracias al apoyo de la Fundación Banco Sabadell.


El Cabildo de Covadonga presentó el pasado 8 de mayo de 2018 a los medios de comunicación la adquisición del libro “Spelunca B. Mariae de Covadonga in Asturiis Hispaniarum Montibus” (Cueva de la Santísima Virgen de Covadonga en los Montes de Asturias), el libro más antiguo conocido, hasta el momento, que habla de manera específica sobre la historia del Santuario.
El entonces Abad de Covadonga, don Emiliano de la Huerga, nos recordaba en una de sus publicaciones la existencia de este libro editado en Bruselas en 1635, y escrito por Josephus Geldolphus Van Ryckel. Por desgracia, en aquellas fechas, el Santuario lamentaba no contar con ningún ejemplar en su archivo.
Hasta hace dieciocho años sólo se tenía referencia de la publicación de esta obra por los datos que Nicolás Antonio nos proporciona en su Bibliotheca Hispana Nova, editada en Madrid en 1778, aunque erróneamente la databa en 1525. Debemos dar gracias a Santiago Caravia y María Jesús Villaverde Amieva, quienes al elaborar un trabajo para un curso sobre biblioteconomía organizado por la Biblioteca de la Universidad de Oviedo, localizaron tres ejemplares; uno en la Biblioteca Real de Bélgica y otros dos en la Biblioteca Nacional de España, donde uno de los cuales perteneció al gran historiador, bibliófilo y miembro de la Real Academia de la historia Pascual Gayangos.
En el mes de junio de 2001 se expuso por primera vez al público un ejemplar como el que hoy se presenta en Covadonga. Fue en la exposición conmemorativa del primer centenario de la basílica “Covadonga, Iconografía de una devoción”, y llegaba procedente de la Biblioteca Nacional Española. Ha sido un privilegio poder contemplarlo en el mismo lugar del que habla.
Dos años más tarde, el Gobierno del Principado de Asturias adquirió en una casa de subastas madrileña otro ejemplar que hoy es custodiado en la Biblioteca de Asturias Ramón Pérez de Ayala. Este se cree procedente de la biblioteca de los duques de T’Serclaes, familia aristocrática afincada en Sevilla, y por suerte no se encontraba entre los volúmenes que, a principios del siglo XX, Archer M. Huntington compró a los duques para incrementar la biblioteca de la Hispanic Society de Nueva York.
Desde el Santuario de Covadonga hace un tiempo que se conoció de la existencia de otros dos ejemplares en manos privadas. En cuanto se supo que uno de ellos iba a salir a la venta, el Cabildo inició las gestiones oportunas para adquirirlo y de esta forma ir recuperando ese fondo bibliográfico que primero un incendio, en 1777, y después las guerras de la independencia y la guerra civil española habían ido fragmentando. 
Tras recibir el apoyo de la Fundación Banco Sabadell, el pasado mes de septiembre, el Santuario de Covadonga adquirió este ejemplar que se encuentra en perfecto estado de conservación.
La obra, escrita en latín, contiene tres grabados: uno de cabecera, cargado con  símbolos victoriosos, columnas y pirámides; otro de la Virgen María que aparece, sobre el escudo del Cardenal Infante don Fernando de Austria, con el Niño en el brazo izquierdo y una bola del mundo coronada por una cruz, en la mano derecha; y por último el de un caballero teutón que viste armadura cubierta por una capa y porta en la mano izquierda una espada mientras sujeta un escudo con la diestra. A sus pies se puede leer la leyenda: LANTCOMMANDEVR. Aunque la iconografía de la Virgen difiera de la venerada por aquel entonces en el Santuario, se supone que ésta hace referencia a la Virgen de Covadonga. Nos encontraríamos entonces ante la que, actualmente, es la representación iconográfica más antigua conservada de la Santina.  

A pesar de que Ryckel, Abad de Santa Gertrudis de Lovaina, nunca debió visitar Covadonga se puede decir que era conocedor de su historia a través de la bibliografía de la época. Tras el fallecimiento, el 17 de agosto de 1635 del humanista, diplomático y escritor español, Francisco de Moncada, III Marqués de Aytona, le dedica esta obra en el que ensalza su figura y la de sus antecesores en un prólogo en el que relata los méritos de quien fuera gobernador de los Países Bajos y hombre de confianza de Felipe IV y del Conde-Duque de Olivares.
En el libro nos cuenta cómo al morir don Rodrigo, don Pelayo, hijo de un jefe cántabro, incita a los lugareños a sublevarse contra la conquista islámica y cómo las tropas cristianas se alzan con la victoria gracias a la intercesión de la Virgen. También nos dice que los refugiados en los montes de Asturias no eran más que un pequeño grupo de hombres que, desde el monte Auseva, lanzaron piedras sobre un ejército más fuerte y mejor armado que el suyo.  
A la hora de hablar de Covadonga tampoco se olvida de que los hechos que allí sucedieron marcarían el devenir del origen del Reino de Asturias, una de las efemérides de la que este año celebramos su decimotercer aniversario, y detalla una relación de reyes de Asturias y León que continuaron el linaje de don Pelayo.
Con la adquisición de esta obra vemos como el Santuario de Covadonga y la Fundación Banco Sabadell se preocupan por recuperar y divulgar piezas que en su día se encargaron de difundir la historia de un enclave de capital importancia en la historia de Asturias y en la historia de España.
Javier Remis Fernández
(Museo de Covadonga)

lunes, 30 de julio de 2018

Alfonso XII, Marqués de Covadonga.


Es bien conocido que tras el nacimiento de Alfonso XII, hijo de la reina Isabel II y de Francisco de Asís, a éste le fue otorgado el título de Príncipe de Asturias, pero muchas personas desconocerán que, el futuro rey, llegó a utilizar en varias ocasiones el falso título de “Marqués de Covadonga”.

Alfonso de Borbón y Borbón nació en el Palacio Real de Madrid el 28 de noviembre de 1857. Siendo aún niño, su madre fue destronada por la Revolución de 1868, popularmente conocida como “La Gloriosa”. Ese hecho obligó a la familia real española a partir hacia el exilio, e Isabel y Francisco se establecieron en París, por separado. Allí, el joven Alfonso ingresó en el Colegio Stanislas aunque, apenas un año más tarde, el 29 de septiembre de 1869, la familia se trasladó transitoriamente a Ginebra, donde Alfonso acudió a la Academia Pública de esa ciudad hasta su regreso a Francia.

En el forzado abandono de España hacia la capital francesa, acompañó a Isabel II Severo Catalina, quien fue ministro de Marina y de Fomento en los gobiernos de Narváez y de González Bravo, respectivamente. A él es a quien encarga la soberana varias misiones confidenciales. Entre ellas la de gestionar ante el Vaticano que el Papa Pío IX la reciba en audiencia en compañía de su hijo y de las infantas, dando a entender de este modo la afinidad del Santo Padre con el derrocado régimen y el rechazo a la situación política que se estaba viviendo en España. La estrategia a seguir fue que el Sumo Pontífice accediera a administrar a sus hijos los sacramentos de la Eucaristía y de la Confirmación, ocasión que aprovecharía la madre para acompañarlos e intentar obtener el apoyo a la derrocada monarquía borbónica. Lejos de todo esto, la Corte Pontificia, haciendo uso de su habitual diplomacia vaticana, rechazó recibir a la reina y sólo consiguió permiso para que el príncipe Alfonso, utilizando el falso título de “Marqués de Covadonga”, fuera recibido por Su Santidad.

“El Marqués de Covadonga” salió para Roma el 20 de febrero de 1870 acompañado de un séquito de hombres de confianza de la reina. Realizó el viaje en tren hasta Marsella y, desde allí, a Civitta Vecchia, en barco. Cuatro días después llegó a su destino. El Papa recibió a su ahijado como si de un rey se tratase. Ordenó formar su guardia para rendirle honores y él mismo salió a recibirle a pie de escalera, junto a una corte de cardenales encabezados por monseñor Pacca. Después, lo invitó a adentrarse en sus aposentos, donde le enseñó un retrato suyo y otro de su madre, antes de departir con él, al menos, durante media hora. Eran fechas en las que se estaba celebrando el Concilio Vaticano I y Roma se encontraba llena de obispos de todo el mundo, entre ellos cuarenta y tres españoles.

El 8 de marzo, el futuro rey, recibió la Eucaristía y la Confirmación de manos de su padrino, el Papa Pío IX, en la basílica de San Pedro. Dos días más tarde, tras los consejos del Conde de Cheste y visto que su presencia incomodaba a algunos medios vaticanos, el “Marqués de Covadonga” emprendió rumbo a París. Todo ello muy a pesar de su madre, que hubiera deseado una estancia más larga en espera de una adhesión del Pontífice a sus derechos dinásticos.

Unos meses después, el 25 de junio de 1870, Isabel II abdicó en favor de su hijo y decidió formarle en las mejores academias europeas de la época. Así, el 2 de enero de 1872, llegó a Viena para ingresar en la prestigiosa Real e Imperial Academia del Theresianum, fundada en 1746 por la reina María Teresa para educar a personas pertenecientes a la aristocracia y nobleza mundial, aunque principalmente estaba dirigida a la europea. Por aquel entonces esta fundación era refugio para varias coronas depuestas y un destino perfecto para formar al futuro heredero de la dinastía borbónica en España.

La reina, inscribió a su hijo en el Theresianum de Viena con el seudónimo habitual de “Marqués de Covadonga”, aunque en realidad casi todo el mundo sabía quién se ocultaba bajo ese título. Allí permaneció hasta la primavera de 1874, época en la que se traslada a Inglaterra para continuar sus estudios en la acreditada Academia Militar de Sandhurst.

A finales de ese mismo año, tras el pronunciamiento del General Martínez Campos en Sagunto, y ya con Cánovas del Castillo como Jefe del Gobierno provisional, tras el derrocamiento de la I República, el joven príncipe dejó de ser el “Marqués de Covadonga” y entró en España con el nombre de Alfonso XII.

Javier Remis Fernández
(Museo de Covadonga).

sábado, 18 de enero de 2014

Orígenes del cristianismo en Cangas de Onís. Covadonga.

Para comenzar con la historia de la parroquia de Cangas de Onís debemos retrotraernos hasta nuestros orígenes, fundamentados en Covadonga y en la fe cristiana. Esa fe cristiana fue introducida por el sur de España a comienzos del siglo I de la mano de Santiago a quien se cita como primer evangelizador, aunque también es muy probable la presencia de San Pablo. De este modo, ya hacia el año 250 se pueden documentar diócesis con obispos en las cercanas provincias de León y Astorga. Es probable que desde allí viniesen misioneros hacia Asturias ya que los primeros testimonios cristianos que aparecen en nuestro concejo son lápidas o estelas funerarias encontradas en Coraín, Corao, Soto de Cangas o Gamonedo y que datan, según los historiadores y arqueólogos, de entre los siglos IV y V. Resulta sorprendente que estas localidades se encuentren tan cercanas a Cangas de Onís, pero más sorprendente es aún que en una de ellas aparezca la inscripción Dominica, porque el topónimo de Covadonga se dice que procede de la palabra latina Cova Domínica, es decir, Cueva de la Señora, la cual fue evolucionando hasta llegar a la expresión que conocemos hoy en día. La misma toponimia nos indicaba que el río que surge bajo la Santa Cueva era denominado como el río Diva, es decir, de la Diosa, por lo tanto es posible que ya existiera algún tipo de veneración precristiana. Otras piezas que corroboran esta posibilidad son algunos de los objetos litúrgicos de época visigoda hallados en la Mina del Milagro, situada en el limítrofe concejo de Onís, pero en la raya divisoria con el  nuestro.
La abundante bibliografía que existe sobre Covadonga no ha resuelto definitivamente los grandes interrogantes planteados en torno al hecho histórico, personajes que en él participaron y desarrollo posterior de estos eventos. Parece que hoy nadie duda de la existencia de una realidad auténtica: Covadonga aparece siempre como lugar donde comienza a decaer la invasión musulmana y es donde nace Asturias como reino. Aquí hubo sin duda alguna unos sucesos que, llámense batalla, escaramuza o alzamiento fueron el origen de nuestra historia, de la historia de España y en buena medida de la Europa Cristiana, y en ese origen siempre aparecen don Pelayo y la Santina. Otras preguntas son de muy difícil precisión. ¿Existía ya culto en Covadonga antes de la llegada de Pelayo? ¿Realmente hubo una gran batalla, como nos comentan las crónicas cristianas bajo el mando de Pelayo contra los musulmanes o sólo fue una escaramuza de apenas un puñado de hombres, como nos cuentan las crónicas árabes? Distintas han sido las repuestas dadas por los historiadores a estas interrogantes a lo largo de la historia. ¿Hubo intervención divina? ¿Actuó Pelayo movido por el deseo de defender la fe de los suyos ante el invasor musulmán o defendía simplemente sus posesiones amenazadas? Entre historia, religión, tradición o leyenda, Covadonga ha ocupado y ocupa el corazón de todos los asturianos y de millones de personas que ven aquí nuestras primeras raíces y el origen de nuestra fe.
No existe ningún documento que nos dé constancia de los comienzos de la veneración a la Virgen en la Santa Cueva, sino que  hay que buscarlos en la tradición, y ésta se refiere a que, anteriormente a la llegada de Pelayo, a comienzos del siglo VIII, ya era venerada una imagen de la Virgen por un ermitaño. En esas mismas fechas tropas islámicas invaden el sur de la península y en pocos años van conquistando aquel terreno por el que pasan hasta llegar al Norte. En Covadonga Pelayo, junto con un grupo de asturianos y de cántabros, se sublevó contra ellos, refugiándose en la Santa Cueva y pidiéndole intercesión a la Virgen.
Tampoco se sabe nada acerca del lugar de nacimiento de Pelayo. Mientras que unos lo sitúan en Toledo,  en Tuy (Galicia), o en Cantabria, otros, sin embargo, los que somos asturianos, decimos que era un guerrero astur. Lo que sí se sabe es que era hijo del duque Fáfila, que luchó como espatario al lado de don Rodrigo en la Batalla de Guadalete (año 711) y que, con un pequeño grupo de tropas vencidas, llegó a Covadonga para refugiarse. Aquí incitó a la población a manifestarse contra el dominio musulmán y, refugiándose en la Cueva, imploró la protección divina.
Las tropas cristianas lo eligieron como el hombre que los había de liderar, y así lo proclaman en el año 718, fecha que se toma como inicio de La Reconquista, pero no es hasta el año 722 cuando tiene lugar la Batalla de Covadonga, en la cual las tropas cristianas se proclaman vencedoras. Tras la batalla, Pelayo fue aclamado rey o líder de los asturianos y durante 57 años estableció la capital del Reino en Cangas de Onís. Juró sobre una cruz de madera de roble, que posteriormente fue recubierta de oro y piedras preciosas. Es la llamada Cruz de la Victoria, actualmente en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo y una de las piezas de orfebrería alto medieval más importante que se conocen en Europa. En numerosas pinturas prerrománicas asturianas aparece representada esta cruz con las letras del alfabeto griego alfa y omega, es decir, principio y fin, como Dios es principio y fin de todas las cosas.
A su muerte, en el año 737, fue enterrado en la que hoy conocemos como iglesia de Santa Eulalia de Abamia, aunque posteriormente sus restos se trasladaron a la Santa Cueva en tiempos de Alfonso X “El Sabio”, ya en siglo XIII. En realidad pudiera ser que sólo se llevara algún resto porque, según comenta el Conde de la Vega del Sella en su obra El dolmen de la Capilla de Santa Cruz, según versión oída a un testigo presencial, en la visita que hizo el Rey Alfonso XII al Santuario de Covadonga, fueron examinados los sepulcros que allí se encuentran, no hallándose en el de Pelayo más que un fémur de grandes dimensiones y una chapa delgada de plata en forma de doble cinto”.
Su hijo Favila es quien le sucede en el trono. Bajo su corto mandato, que apenas dura dos años (737-739), como es sabido a causa de las feroces garras de un oso en la cercana localidad de Llueves, casi no existen hechos que resaltar, excepto la construcción de la capilla de la Santa Cruz, que fue edificada sobre un dolmen pagano para venerar la tosca cruz de roble que su padre había enarbolado como símbolo del cristianismo en la batalla de Covadonga.
Esta es la primera capilla edificada en nuestro concejo, puesto que la de Covadonga es posterior. Fue levantada en el año 740 por el rey Alfonso I, quien estaba casado con Hermesinda, hermana de Favila e hija de Pelayo. Seis años más tarde (746), y según la tradición, es el mismo Alfonso I quien funda el monasterio de San Pedro de Villanueva, regido por monjes de San Benito hasta la desamortización de 1835. Esta orden benedictina es la que se cree como la primera orden que rige el Santuario de Covadonga y la iglesia de Cangas de Onís.

La época de la monarquía asturiana marcará a partir de entonces el devenir del cristianismo. Durante el reinado de Alfonso I llegó a Liébana el Lignum Crucis. Bajo el reinado de Silo, Beato de Liébana defiende la ortodoxia y la hace triunfar con la ayuda del Papa y de Carlomagno frente al adopcionismo, que intentaba degradar la divinidad de Cristo. Bajo el mandato de Alfonso II, se descubre el sepulcro de Santiago y éste es el primero en peregrinar, iniciando así el hoy denominado Camino de Santiago. También llegó a Oviedo el Arca Santa junto con el Santo Sudario, que fueron y son objeto de numerosas peregrinaciones. Ante estos hechos tan transcendentes podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Cuántas regiones de Europa han hecho una aportación similar a la historia del catolicismo?.
Javier Remis Fernández
(Primer capítulo del Libro Cangas de Onís, historia de una parroquia)

domingo, 3 de marzo de 2013

Donaciones del Concejo de Onís a la Virgen de Covadonga.

En 1918 tuvo lugar la Coronación canónica de la Virgen de Covadonga. Ese mismo año, en toda Asturias se formaron Juntas Diocesanas para recaudar fondos a modo de ofrendas o donativos con el fin de sufragar los gastos de los actos previstos, así como realizar una corona para la Virgen. Lo recaudado en la Parroquia de Santa Eulalia de Onís, según nos cuenta el periódico El Candil del Hogar, sumó un total de cuatrocientas cincuenta pesetas con cuarenta y cinco céntimos, cifra nada desdeñable para un concejo tan pequeño y para la fecha en la que se llevó a cabo.
Estos donativos se reflejan en la Revista Covadonga de fecha 6 de marzo de 1918. En ésta aparecen los nombres de vecinos de Benia, Talavero, Sirviella, Villar y otros pueblos. Seguro que muchos vecinos del concejo de Onís hoy todavía reconocen a personas y familiares que aparecen en esta lista.
 
 Los donativos fueron los siguientes:
     Nombres                                    Donativo
José Muñiz                              50 Ctmos.
Inocencio Niembro                25 Ctmos.
Policarpo Díaz Caneja           50 Ctmos.
Enrique del Cueto                  10 Ctmos.
Luisa del Collado                   50 Ctmos.
Elvira Traviesa                       10 Ctmos.
Carmen Martínez                         1 Ptas.
Florentina Álvarez                 25 Ctmos.
Ramón Remis                         25 Ctmos.
Antonia Sánchez                    25 Ctmos.
José Cayarga                           10 Ctmos.
María Cayarga                        10 Ctmos.
Celestina Álvarez                   25 Ctmos.
Perico González                     15 Ctmos.
Natividad Amieva                 25 Ctmos.
Concha Noriega Labra                5 Ptas.
Agustina Niembro                 50 Ctmos.
Balbino Remis                        25 Ctmos.
Petra Riaño                             20 Ctmos.
Ana Piñán                                     5 Ptas.
Concepción del Coro             50 Ctmos.
Esperanza Teresa                         1 Ptas.
Victoria Suárez                       20 Ctmos.
Pepín Teresa                            2,50 Ptas.
Luisa Remis                             2,50 Ptas.
Alfonso Sierra                         50 Ctmos.
Vicente Iglesias                             1 Ptas.
María Huerta                          20 Ctmos.
Teresa Remis                          20 Ctmos.
Amalia Meré                           20 Ctmos.
Alejandro Tomás                   50 Ctmos.
Antonia Labra                        15 Ctmos.
Rufina García                                1 Ptas.
Visita Martínez                       50 Ctmos.
Laura Iglesias                         10 Ctmos.
Jacoba Huerta                         10 Ctmos.
Cándida Gavito                      25 Ctmos.
Eustaquia Quesada                10 Ctmos.
María Muñíz                             5 Ctmos.
Cándida Berdayes                  10 Ctmos.
Josefa Rodríguez                    10 Ctmos.
Agustina Sierra                      10 Ctmos.
Quintina Álvarez                   10 Ctmos.
María Díaz                              10 Ctmos.
María Díaz                              10 Ctmos.
Silvio del Collado                  10 Ctmos.
Roque Fernández                   10 Ctmos.
Prudencia Remis                    10 Ctmos.
Amadora Suárez                    10 Ctmos.
Isabel Pérez                             50 Ctmos.
Félix Martínez                        50 Ctmos.
Antonio Merino                     10 Ctmos.
Fernando Alonso                         2 Ptas.
Amalia Pellico                        10 Ctmos.
Isabel Remis                            10 Ctmos.
Josefa Álvarez                        50 Ctmos.
Antonia Álvarez                           1 Ptas.
Ginés Priede                           50 Ctmos.
Faustina Noriega                   50 Ctmos.
Consuelo Suárez                      5 Ctmos.
Luisa Noriega                           100 Ptas.
Filomena Gómez-Pellico
de Iravedra                                100 Ptas.
Carmen Posada                            5 Ptas.
Teresa Ibusurrinsaga                   5 Ptas.
María Bustillo                               1 Ptas.
Virginia Zapín                              1 Ptas.
Carmen Noriega                           5 Ptas.
Consuelo Noriega                        5 Ptas.
Concha Noriega                           3 Ptas.
Emilia Fiquet de Noriega            3 Ptas.
Concha González                         5 Ptas.
Manolina González                      2 Ptas.
Samuel Casado                             1 Ptas.
Robustiano Villoria                      5 Ptas.
Francisco Peláez                           5 Ptas.
Soledad Peláez                             1 Ptas.
Ramona Peláez                             1 Ptas.
Josefa Peláez                                 1 Ptas.
Lolina Solaurre                       50 Ctmos.
María Solaurre                        50 Ctmos.
Milagros Cosío                             5 Ptas.
Benito Inclán                                 5 Ptas.
Eugenia Arango                           5 Ptas.
Ángel Niembro                            1 Ptas.
Celestina Martínez                       5 Ptas.
Francisco Díaz                        10 Ctmos.
José María Díaz                      10 Ctmos.
Joaquina Fernández               10 Ctmos.
Manuela Amieva                   25 Ctmos.
Miguel Blanco                        25 Ctmos.
Ramón Remis García             25 Ctmos.
Pilar Velasco                                 1 Ptas.
Teodora Velasco                           1 Ptas.
Alberto Abascal                     2 5 Ctmos.
Miguel Noriega González          2 Ptas.
Visita Valle                              10 Ctmos.
Esperanza Marcos                        1 Ptas.
Los Cadenabas                             2 Ptas.
Conchita Carrillo                          1 Ptas.
Ramona Sotres                       10 Ctmos.
Petra Esperanza Huerta        20 Ctmos.
Ramona Remis Peláez           30 Ctmos.
María Llaca                             50 Ctmos.
Carmen Bustillo                     50 Ctmos.
Benita Iglesias                         25 Ctmos.
Enrique Noriega                           1 Ptas.
Florentina Niembro               50 Ctmos.
Adelaida Gutiérrez                50 Ctmos.
Ramona Pantiga                     20 Ctmos.
Mª Paz Gómez-Pellico                 5 Ptas.
Ramona Sotres                       10 Ctmos.
Matilde Sotres                        25 Ctmos.
Sinforiana Cosío                     30 Ctmos.
Higinia Blanco                        50 Ctmos.
Un católico                                    1 Ptas.
Pido perdón si en algunos nombres o apellidos aparecen errores. Los que he visto los he corregido. Al no conocer a muchas de las personas los nombres que fueron transcritos en la Revista Covadonga aparecen con erratas.

Sirva esta lista de homenaje a todos aquellos vecinos de Onís que coloboraron en los actos de Coronación de la Santina y que Dios los tenga en su gloria.


viernes, 27 de julio de 2012

El diario La Nueva España entrevista al Abad de Covadonga: "La principal preocupación en Covadonga es mantener viva la espiritualidad".

-Después de cuatro años como abad de Covadonga, ¿cuál es su balance?
-El balance es muy positivo porque es un lugar muy entrañable para los asturianos y de una gran proyección. Es una experiencia humana y sacerdotal que enriquece profundamente. Tiene su complejidad, no es una labor fácil, porque hay que tener en cuenta muchos aspectos y la sensibilidad con que todos miramos a Covadonga.
-¿Dónde encuentra la mayor complejidad?
-Uno debe de ser muy sensible a la pluralidad de matices, estar abierto a la idea que cada uno tiene. Covadonga es un lugar profundamente espiritual, pero también abierto a unos visitantes que no siempre son peregrinos. Es fundamental la actitud de diálogo y de acogida, que responde al espíritu de todo santuario, y más en este caso. Exige armonía de corazón y de espíritu y un conocimiento profundo de la honda significación de Covadonga.
-¿En qué consiste, exactamente, ser el abad de Covadonga?
-En velar por que el santuario mantenga su identidad y su lenguaje, inicial y fundamentalmente espiritual. Estar muy abierto a la realidad humana y eclesial que nos rodea; la gente viene con sus historias, vivencias y mentalidad. Coordinar el santuario, haciendo que sea un lugar, sobre todo, de acogida. Tenemos el santuario, la santa cueva, la escolanía, la acogida de peregrinos, etcétera. También mantener una estrecha colaboración con el Arzobispo y ser muy sensible a las necesidades que plantea el santuario, que van cambiando.
-¿Cómo ha evolucionado el número de visitantes?
-Ha crecido considerablemente. A lo largo del año supera los dos millones y medio de personas. Es una cifra muy significativa.
-¿Cómo es un día rutinario en su vida en el santuario?
-Alas 8:30 horas estamos en la Basílica para la oración de la mañana y la misa. Después desayunamos los sacerdotes juntos y programamos las tareas del día. Suelo celebrar la misa de la santa cueva y dedico la mañana a tareas y gestiones del santuario. Comemos en común, y por la tarde preparo alguna conferencia o publicación, hasta las 18:30 horas, cuando tenemos el rezo. Hasta la hora de la cena solemos atender tareas propias del santuario. Siempre es un programa abierto porque a Covadonga llega mucha gente y para mí es una prioridad el estar lo más disponible que pueda para atenderla.
-¿Qué significa Covadonga para los asturianos?
-Mucho. Venir a Covadonga nos ayuda a comprender el alma de Asturias, su historia, su espiritualidad y su sensibilidad. No sólo por la naturaleza o por la historia, sino también por cómo rezamos, cómo venimos. La religiosidad en otras zonas de España es más expresiva, aquí en Asturias los sentimientos son más contenidos, pero intensos. Estando aquí, uno se da cuenta de lo hondo, lo profundo que está metido en el alma de los asturianos.
-¿Y para usted?
-Soy asturiano, por lo que participo de ese sentimiento y de las emociones que sentimos en Covadonga. Como sacerdote, el santuario es parte muy importante de la vida de la Iglesia en Asturias. Como historiador, estar en un lugar con una historia tan definida con su identidad me produce una satisfacción enorme. En el plano pastoral, la riqueza humana del contacto con los peregrinos, con situaciones muy diversas, me enriquece enormemente. A Covadonga se viene con el corazón casi en la mano.
-¿Perciben aquí la situación económica y social que se vive en el país?
-Sí, percibimos la situación de crisis, que no sólo es económica, afecta a valores muy profundos. No sólo en el ámbito de los aspectos materiales o económicos, sino también porque vemos que la gente viene con bastante tristeza, con desesperanza, con mucha preocupación. Eso permite percibir que se viene a Covadonga buscando aliento, fortaleza, ánimo, esperanza.
-¿Cómo cree que conviven en Covadonga la dimensión espiritual y la turística?
-No son en absoluto excluyentes. Nosotros solemos hablar de visitantes. Pueden venir con motivación preferencialmente religiosa y la visita es una peregrinación. Llegan desde Asturias, de otroslugares de España o de fuera, muchos de Estados Unidos, México e Hispanoamérica. Luego, está el visitante que viene a conocer Asturias, que puede tener una vivencia religiosa aunque no haya venido con ese motivo, y hay una parte cuya prioridad es turística. Nuestra principal preocupación es manter viva la espiritualidad, un mensaje, una luz que creemos que también enriquece a quien puede venir solo por turismo.
-Han reforzado los lazos con la emigración asturiana, ¿cómo lo sienten afuera?
-Tienen una hondísima tradición en Covadonga y su visita es extraodrinaria, vienen familias enteras y arrastran a sus familiares de aquí. Estuve recientemente en Venenzuela y abrimos un cauce de comunicación; ahora estamos desarrollando un proyecto de restauración de la exedra de La Santina. Lo promueven y financian desde allí, buscando que haya un signo de esa devoción de la emigración asturiana hacia Covadonga.
-¿Qué otros elementos necesitan restauración en Covadonga?
-Hay muchas cosas que piden un mantenimiento, como la pavimentación de la explanada de la Basílica. Barajamos, además, una ampliación y reordenación del Museo y nos gustaría que hubiera una sala de exposiciones temporales, para que parte del patrimonio se pudiese dar a conocer un poco más. El santuario es un espacio tan abierto y de tal proyección que abre muchas posibilidades.
-En otoño comienzan la Novena del Año de la Fe.
-Sí, ha sido promovido por el Papa para toda la Iglesia Católica y, aunque empieza en octubre, en septiembre va a venir el Nuncio Apostólico en España. Será un momento extraordinario, intenso, vendrán personas de todas las parroquias y todos los grupos. Queremos que toda la renovación en las mejoras de la santa cueva, la exedra y demás componentes de tipo litúrgico y simbólico estén preparados para ese momento.
-Dos tiendas del santuario fueron objeto de robos hace algunas semanas, ¿cómo lo han vivido?
-Es una experiencia triste, dura, difícil y desagradable, que nos ha obligado a intensificar la seguridad en el santuario. Pero no nos impide seguir mimando, cuidando y poniendo ilusión en lo que Covadonga significa. Este es un lugar abierto en el sentido más amplio y positivo de la palabra, es un lugar de paz y tranquilidad.
Historiador y sacerdote
Juan José Tuñón nació en Pola de Lena en 1956, estudió en el Seminario de Oviedo y obtuvo la licenciatura en Geografía e Historia en la Universidad de la capital asturiana. Además, es licenciado y doctorado en Historia de la Iglesia por la Universidad Gregoriana de Roma y diplomado en Archivística, Paleografía y Diplomática en el Archivo Vaticano. Destaca su faceta como docente en el Seminario de Oviedoy su dilatada experiencia como párroco de Naveces, Santa María del Mar, Santiago del Monte y Bayas, todos ellos pueblos del concejo de Castrillón, donde estuvo 23 años. En 2008 fue nombrado Abad de Covadonga por el anterior arzobispo, Carlos Osoro. Pertenece a varias comisiones de patrimonio. Es miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) desde marzo y buen conocedor de la historia de Covadonga, sobre la cual ha realizado varios trabajos, como «Patronazgo real y vida capitular en Covadonga (s.XVIII)» e «Intervención episcopal y religiosidad popular en Covadonga (s.XVI-XIX)».
Publicado por Patricia Martínez
Diario la Nueva España 27/7/2012