viernes, 25 de mayo de 2012

Favila, de Carlos María Esquivel

Obra perteneciente a la serie cronológica de los Reyes de España del Museo del Prado y depositada en el Museo de Covadonga.
En éste lienzo Favila viste manto rojo sobre una túnica que parece ser azulada y rematada, al igual que la de su padre, con ribetes dorados y pedrería. De figura frontal y estática, en la mano derecha lleva una lanza que puede representar la afición de éste a la caza, descansando la izquierda sobre la empuñadura de su espada. En la cabeza lleva un casco de guerrero, luciendo larga melena y barba.
Hijo de Pelayo, a quien sucedió en el trono, su reinado apenas duró dos años. Se casó con Froiliuba y tuvo una hija llamada Favinia que contrajo matrimonio con el duque Luitfred de Suevena.. Se le conoce por su fatal muerte en las garras de un oso durante una cacería en Llueves (pueblo cercano a Cangas de Onís),
No se caracterizó éste por las luchas contra el invasor, sino que trató más de satisfacer sus gustos y aficiones, siendo el único hecho relevante el mandato de construir una iglesia en Cangas de Onís en honor a la Santa Cruz.
Esta iglesia se construyó sobre un antiguo dolmen y fue edificada para venerar la cruz de madera de roble que su padre llevó como estandarte en la Batalla de Covadonga. Reedificada en 1632 y destruida de nuevo en 1936, durante la Guerra Civil Española,  se vuelve a construir por Luis Menéndez Pidal y Antonio Capitel, conservándose hoy en día el dolmen y una réplica de la lápida de fundación que viene a decir lo siguiente: “Sea agradable a Cristo esta Iglesia por el trofeo de la Cruz, la cual su siervo Favila edificó con su probada fe, con Froiluba su mujer y sus hijos, los cuales por tu merecimiento ¡Oh Cristo!, tengan cumplida gracia y después de esta vida misericordia eterna”[1] ( 27 de octubre del año 737).
Falleció en el año 739 y fue enterrado en esta misma iglesia lugar en el que también, años más tarde, reposarían los restos de su esposa Froiliuba.


[1] Luciano López y García-Jove. Historia de los Reyes de la Monarquía Asturiana. 2ª edición. 1974. Gráficas Lux.

Don Pelayo, de Luis de Madrazo

Obra perteneciente a la serie cronológica de los Reyes de España del Museo del Prado y depositada en el Museo de Covadonga.
En el lienzo Pelayo aparece representado como un guerrero que se disponerse a la acción al aparecer éste desenvainando su espada y tener ligeramente adelantado el pie derecho. Viste manto blanco sobre una túnica roja rematada con ribetes dorados que se decoran con abundante pedrería. En la mano derecha sostiene una espada, mientras que en la izquierda lleva una cruz de madera, que se supone es la de la Victoria.
Su figura, de gran fuerza, se enmarca en un paisaje agreste como el de Covadonga, bastante montañoso y rocoso. Éste parece estar situado dentro de la Cueva. A la derecha, muy difuminado, podemos percibir una cascada de agua que también podría hacer alusión al típico chorrón que hay bajo la Santa Cueva, mientras que al fondo en un cielo tormentoso parece abrirse una luz o resplandor que puede representar el nuevo amanecer.
No existe ningún documento que nos dé constancia de los orígenes de Pelayo, mientras que unos lo sitúan en Toledo,  en Tuy (Galicia), o en Cantabria, otros sin embargo, los que somos asturianos, decimos que era Astur. Lo que sí se sabe es que era hijo del duque fáfila, que lucho como espatario al lado de don Rodrigo en la Batalla de Guadalete (año 711) y que con un pequeño grupo de tropas vencidas llegó a Covadonga para refugiarse. Aquí incitó a la población a manifestarse contra el dominio musulmán y refugiándose en una cueva, donde un ermitaño custodiaba una imagen de la Virgen, imploró la Protección Divina.
Las tropas cristianas lo eligieron como el hombre que los había de liderar, y así lo proclaman en el año 718, fecha que se toma como inicio de La Reconquista, pero no es hasta el año 722 cuando tiene lugar la Batalla de Covadonga, en la cual las tropas cristianas se proclaman vencedoras.
Una vez consolidada la monarquía asturiana establece la corte en Cangas de Onís, que durante cincuenta y siete años será la capital del Reino Astur.
A su muerte, en el año 737, es enterrado en una iglesia cercana a Covadonga, llamada Santa Eulalia (o Santa Olalla) de Abamia, aunque posteriormente, sus restos son trasladados a la Cueva en tiempos de Alfonso X “el Sabio”[1].
En el sepulcro actual se puede leer la siguiente inscripción:
AQVI YAZE EL S REY DON PELAIO
ELLETO EL ANO DE 716 QVE EN
ESTA MILACROSA CVEBA COME
NZO LA RESTAURACION  DE ESPA
NA BENZIDOS LOS MOROS FALLECIO
ANO 737 Y LE ACOPAÑA SS MVSER Y ERMANA

[1] Pudiera ser que se llevara sólo algún resto, porque según comenta el Conde de la Vega del Sella, en su obra, El dolmen de la Capilla de Santa Cruz, (Memoria núm. 22. Junta para la Ampliación de Estudios, 1919, pp. 37-38): Según versión oída a un testigo presencial, en la visita que hizo el Rey Alfonso XII al Santuario de Covadonga, fueron examinados los sepulcros que allí se encuentran, no hallándose en el de Pelayo más que un fémur de grandes dimensiones y una chapa delgada de plata en forma de doble cinto”.

domingo, 13 de mayo de 2012

HIMNO DE LA VIRGEN DE COVADONGA

Bendita la Reina de nuestra montaña,
Que tiene por trono la cuna de España
Y brilla en la altura más bella que el sol.
¡Es madre y es Reina! Venid, peregrinos,
Que ante ella se aspiran amores divinos
Y en ella está el alma del pueblo español.

Dios te salve, Reina y Madre
Del pueblo que hoy te corona,
Y en los cánticos que entona
Te da el alma y corazón.
Causa de nuestra alegría,
Vida y esperanza nuestra,
Bendice a la patria y muestra
Que sus hijos tuyos son.

Como una estrella del alba,
Brilla anunciando la gloria;
Y es el pórtico su gruta
Del templo de nuestra historia;
Ella es el cielo y la patria,
Y el heroísmo y la fe;
Y besa el alma de España
Quien llega a besar su pie.

¡Virgen de Covadonga, Virgen Gloriosa!
Flor del cielo que aromas nuestra montaña;
Tú eres la más amante, la más hermosa,
Reina de los que triunfan, Reina de España.
Nuestros padres sus ojos a Ti volvieron,
Y una patria en tus ojos adivinaron;
Con tu nombre en los labios por Ti lucharon,
Con tu amor en las almas por Ti vencieron.

Bendita la Reina de nuestra montaña,
Que tiene por trono la cuna de España
Y brilla en la altura más bella que el sol.
¡Es madre y es Reina! Venid, peregrinos,
Que ante ella se aspiran amores divinos
Y en ella está el alma del pueblo español.

martes, 1 de mayo de 2012

Orígenes de la fiesta de Covadonga en Méjico.

El origen de las fiestas dedicadas a Ntra. Sra. de Covadonga en Méjico se debe al empeño de siete asturianos, allí residentes, de extender la devoción a la Virgen de Covadonga en aquel lejano país. Para ello acordaron en 1773 solemnizar los cultos y celebrar anualmente la fiesta el día del Patrocinio. Los nombres de estos asturianos son: el Licenciado D. Vicente de Soto, Capellán del Convento de Religiosas de Valvanera, don Francisco Meléndez, don Toribio Noriega, don José González Guerra, don Francisco Fernández Canel, don Fernando Argüelles y don Juan González Guerra. Ellos fueron quienes acordaron el celebrar los cultos en la Iglesia de las Religiosas de Valvanera y costear los gastos ocasionados por tales motivos.
Debido al entusiasmo y la devoción de los fieles, tan sólo seis años más tarde la reducida Iglesia de Valvanera se quedó pequeña ante la enorme masa de gente que acudía allí a celebrar la festividad de la Virgen. Decidieron entonces trasladar los cultos a la Iglesia de Santo Domingo, una de las iglesias de mayor capacidad que existían en la capital azteca, y encargaron construir un retablo con la imagen de la Virgen de Covadonga que se colocó en el crucero de la citada iglesia. Para ello, realizaron una colecta y acordaron que en años sucesivos se destinara un mínimo de 4.000 pesos para poder continuar con dicha tradición.
Deseando asegurar a perpetuidad esta celebración se reunieron los naturales y originarios del Principado de Asturias y convinieron que el medio más oportuno para continuar celebrándola era promover que se fundara una congregación que llevara el título de Nuestra Señora de Covadonga. Para tal efecto redactaron las Constituciones por las que habían de regirse remitiéndoselas, por mediación de don Martín Mayorga, entonces Virrey interino de la Nueva España, al rey Carlos III, dignándose éste el aprobarlas de acuerdo al informe del Fiscal del Reyno en fecha tres de julio de 1784.
Estas Constituciones fueron una copia de las que regían en la Congregación de Nuestra Señora de Covadonga de Madrid y fueron impresas en Méjico en 1785 bajo el título de: “CONSTITUCIONES DE LA CONGREGACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE COVADONGA, DEFENSORA Y RESTAURADORA DE LA LIBERTAD ESPAÑOLA, FUNDADA BAXO LA REAL PROTECCION POR LOS NATURALES Y ORIGINARIOS DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, Y OBISPADO DE OVIEDO”. En la parte final también incluían una breve noticia de la antigüedad y de la situación del Santuario de Santa María de Covadonga, notas que habían sido tomadas en 1572 por el cronista Ambrosio de Morales en su “Viage Santo” realizado por los reinos de León, Galicia y Principado de Asturias bajo el encargo de Felipe II de reconocer las Reliquias de Santos, Sepulcros Reales y Libros Manuscritos de las Catedrales y Monasterios.

jueves, 26 de abril de 2012

La Santa Cueva en la actualidad

La última reforma, que comienza tras finalizar la Guerra Civil Española, es de mediados de los años cuarenta y se debe al insigne arquitecto D. Luis Menéndez Pidal, Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y por aquel entonces Arquitecto Conservador de Monumentos Nacionales.
En la actualidad se puede acceder a la Santa Cueva por las escaleras del “perdón” o de las “promesas” con sus 105 escalones y también por el túnel que hay desde la explanada alta de la Basílica, construido en 1908 por César García de Castro. Durante las obras de Menéndez Pidal, debido a la fuerte masa de aire que entraba por este acceso, además de poder dar luminosidad y contar una impresionante vista de la Basílica, hacia la mitad se abrió un hueco donde se colocaron tres cruces de piedra. Éstas, en su base, llevan una inscripción en letras romanas que corresponde al año en el que fueron colocadas: MCMXLIV. (1944).
Si la opción elegida para el acceso a la Santa Cueva es la de las escaleras de las promesas antes de entrar en la antecueva nos encontraremos con un medallón de bronce en el que aparece la efigie de Juan XXIII, obra del escultor Gerardo Zaragoza, que recuerda la visita realizada en 1954 por el Cardenal Patriarca de Venecia, Giusseppe Roncalli, futuro Juan XIII.
La inscripción dice lo siguiente:
“YO AMO A LA MADONNA DE COVADONGA COMO LA AMÁIS VOSOTROS LOS ASTURIANOS. TENGO SU IMAGEN EN MI DORMITORIO Y PARA ELLA ES MI PRIMERA ORACION DE LA MAÑANA”.
La verja-puerta de hierro forjado con la que nos encontraremos al finalizar tras los últimos peldaños es obra del cerrajero de Toledo Julio Pascual.
Su inscripción nos dice:
 AQUÍ, AL NOMBRE DE LA MADRE DE DIOS,
DE ENTRE LAS ROCAS, SOBRE LAS CUMBRES,
SURGIÓ ESPAÑA.
A nuestra derecha, podemos ver una gran pila de agua bendita, tallada en piedra, con la inscripción ideada por el canónigo del Santuario el M. I. don Martín Andréu Valdés:
 + SANCTA * ET * INNOCENS * CREATVRA
AQVAE * SITIENTI * POPVLO * DE
PETRA * PRODVCTA+
+ IN * NOMINE PATRIS + ET FILII +
ET SPIRITUS SANCTI + AMEN +
  (“Santa e inocente criatura del agua sacada de la roca para el pueblo sediento. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”).
Enfrente, hay dos lápidas de piedra que recuerdan la visita de la Reina Isabel II al Santuario.
La de la derecha dice:
                                                            EL DÍA 28 DE AGOSTO DE 1858
VISITARON ESTA SAGRADA CUEVA
SS. MM. Y AA. RR. LA REINA DE ESPAÑA
DÑA ISABEL II, SU AUGUSTO ESPOSO
D. FRANCISCO DE ASÍS
Y LOS SERENÍSIMOS SEÑORES
D. ALFONSO, PRÍNCIPE DE ASTURIAS,
Y Dª.  MARÍA ISABEL FRANCISCA DE ASÍS,
INFANTA DE ESPAÑA.
EN DICHO DÍA Y EN ESTE MISMO SITIO
LES FUE ADMINISTRADO A SS. AA. RR.
EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACION

y la de la izquierda:

EL 28 DE AGOSTO DE 1858
DESPUÉS DE RECORRER
APOSTÓLICAMENTE TODA ASTURIAS
SAN ANTONIO MARÍA CLARET,
PEREGRINO DE LA SANTINA,
CELEBRÓ LA EUCARISTÍA
EN ESTA SANTA CUEVA.

Subiendo los últimos nueve peldaños que hay hacia la cueva encontramos otra puerta de hierro forjado construida en los talleres de Lorenzana, de Oviedo, siendo la crestería, friso y cerrojo realizados por el anteriormente nombrado Julio Pascual.
Su inscripción por el lado de la antecueva es la siguiente:
 * SANCTA MARIA DE COBADONGA ORA PRO NOBIS *
Y ya dentro de la Cueva:
 *AVE MARIA - GRATIA PLENA,
DOMINVS TECVM, BENEDICTA TV
IN MVLIERIBVS *
Una vez dentro del lugar Santo, a nuestra derecha leemos una inscripción que nos recuerda que:
“En Covadonga nació la Institución Teresiana
fundada por Pedro Poveda
Canónigo de este Cabildo
1906 -1913
Aquí es donde se venera la imagen de la Virgen que es una talla de madera policromada del siglo XVI. Aunque se presenta vestida bajo su manto oculta una talla de popular belleza. En el año 1777 un incendió destruyó la primitiva imagen que era una sedente, es decir, estaba sentada mientras que la actual aparece erguida y fue una donación del Cabildo de la Catedral de Oviedo en el año 1778 como compensación a la pérdida sufrida de la imagen primitiva. Situada en la parte más próxima al fondo de la Cueva, puede ser visible desde la explanada construida bajo la misma a continuación del estanque. El altar es de piedra y lleva en su frontal una representación alegórica e idealizada de la batalla de Covadonga. Es una escena en que lo referente al cielo está en color celeste; los cristianos aparecen en plata y los musulmanes, en bronce. En el centro y a lo alto de éste aparece la imagen de la Virgen rodeada de ángeles que descienden en ayuda de los cristianos, los cuales, abanderados por Pelayo repelen el ataque de las tropas islámicas. Sobre la cabeza de la Virgen puede leerse la siguiente leyenda: EXVRGE – DOMINE – IVDICA – CAVSAM -  TVAM (Levántate, Señor; juzga tu causa). En la exedra semicircular que separa la imagen de la roca están representados (en unos arcos, imitación del prerrománico) los distintos reyes de la monarquía asturiana entre los que se encuentran Pelayo, Alfonso I, Fruela I, Alfonso II, Ramiro I, Ordoño I y Alfonso III. Forman un semicírculo en torno a la Virgen. En el frontal están los cuatro arcángeles: Miguel, Rafael, Gabriel y Uriel.
Tanto el frontal como la exedra fueron labrados por Juan José García, siendo quizás, en los años en que realizó estos trabajos, el más elevado representante de la orfebrería en España.
A la derecha, excavado en la roca, se encuentra el sepulcro de don Pelayo. Enterrado junto con su mujer Gaudiosa y su hermana en una iglesia cercana, llamada Santa Eulalia (o Santa Olaya) de Abamia (Corao), posteriormente sus restos fueron trasladados a la Santa Cueva en tiempos de Alfonso X “el Sabio”. Pudiera ser que se llevara sólo algún resto, porque según comenta el Conde de la Vega del Sella, en su obra, El dolmen de la Capilla de Santa Cruz, (Memoria núm. 22. Junta para la Ampliación de Estudios, 1919, pp. 37-38): “Según versión oída a un testigo presencial, en la visita que hizo el Rey Alfonso XII al Santuario de Covadonga, fueron examinados los sepulcros que allí se encuentran, no hallándose en el de Pelayo más que un fémur de grandes dimensiones y una chapa delgada de plata en forma de doble cinto”.
En un principio debió ocupar el sepulcro un lugar en el centro de la cueva, siendo trasladado después del incendio de 1777 al lugar que hoy ocupa. Desde entonces, sólo se han hecho en él pequeñas variaciones en su cerramiento. La inscripción que hay en su tumba dice lo siguiente:
AQVI YAZE EL S REY DON PELAIO
ELLETO EL ANO DE 716 QVE EN
ESTA MILACROSA CVEBA COME
NZO LA RESTAURACION  DE ESPA
NA BENZIDOS LOS MOROS FALLECIO
ANO 737 Y LE ACOPAÑA SS MVSER Y ERMANA

(Aquí yace el señor rey don Pelayo,
electo en el año de 716 que en
esta milagrosa cueva comenzó
la restauración de España.
Vencidos los moros, falleció
en el año 737 y le acompaña su mujer y su hermana).
La fecha grabada (716) es una errata de quien la esculpió ya que debería decir 718, año en el que Pelayo es aclamado como líder de la insurgencia cristiana.
Más escondido, en una covacha que hay entre el sepulcro de Pelayo y la imagen de la Virgen, se encuentra el de su yerno, Alfonso I “el Católico”, el cual descansa junto con su mujer Hermesinda, hermana del rey Favila. Fue devuelto a su anterior emplazamiento durante la reforma realizada por el Obispo don Benito Sanz y Forés. En él podemos leer la siguiente inscripción:
 AQVI YAZE EL CATOLI
CO Y SANTO REI  DON
ALONSO EL PRIMERO
I SV MVGER DONA ERME
NISENDA ERMANA DE DON
FAVILA A QVIEN SVZEDIO.
GANO ESTE REI MVCHAS VI
TORIAS A LOS MOROS. FALLECIO
EN CANGAS ANO DE 757.
La capilla actual sustituye a la anterior diseñada por el alemán Roberto Frassinelli y también es obra de Luis Menéndez Pidal. De línea clásica y estilo neorrománico, dentro acoge el Sagrario y está cubierta de madera dorada y policromada por el artista valenciano Juan Talens. En sus muros laterales interiores tiene la siguiente inscripción:

A MATRE – QUIDEM – VICTORIAM :
A FILIO VERAM NUTRITIONEN AD
VIAN SUSCIPIENTES
EX ADIPE – ENIM – FRUMENTI CIBAVIT-
ET DE PETRA MELLE SATURAVIT.
 
(Recibiendo de la madre la victoria – y -  por
medio de ella -  del hijo, el verdadero alimento
para el camino -  pues les alimentó con abundancia de trigo y los hartó con miel de la roca).
La inscripción, al igual que la de la pila de agua bendita que hay a la entrada de las escaleras de las promesas, fue realizada por el M. I. D. Martín Andréu Valdés, canónigo de Covadonga.
La campana de la capilla ha sido realizada según el diseño de Menéndez Pidal y regalada por el Ayuntamiento de Gijón el día del voto a la Santina. (Esta era una tradición en la que algunas Instituciones Asturianas ofrecían como ofrenda a la Virgen un regalo o presente).  Fundida en los talleres Adaro de la misma villa, en su aleación se emplearon diez kilogramos de plata. La inscripción que lleva fue pensada por el escritor de Gijón Eduardo Bonet y dice lo siguiente:
LLAMO AL PEREGRINO A LA MORADA DE SANTA
MARÍA DE COVADONGA, INSPIRADORA DE PELAYO,
REY DE GIJÓN.
DONADA POR EL ILTRE. AYUNTAMIENTO DE
GIJÓN. EN CONMEMORACIÓN DE SU VOTO
A COVADONGA – VII – SEPT – MCMXLIX.
En la parte delantera lleva el Escudo de Gijón, mientras que en la posterior aparece representada la Cruz de la Victoria.
En la actualidad esta Capilla se utiliza como Sacristía aunque, anteriormente, en los días más crudos de invierno, cuando era poca la gente asistente, se solía celebrar en ella la misa.
Hay también, en la Cueva, entre la capilla y la imagen de la Virgen, un sillón episcopal que descansa sobre dos osos, obra del escultor Gerardo Zaragoza. Tallado en piedra marmórea rojiza extraída del propio monte Auseva en su respaldo lleva el anagrama de Cristo, llevando grabado en sus laterales el nombre de los Obispos que pasaron por el gobierno de la diócesis durante el tiempo que duraron las obras de la Santa Cueva y que son los siguientes:
En lado derecho:
D. D. Emanuelle Arce Ochotorena
MCMXXXVIII- MCMXLIV
et
D. D. Bernardino de Arriba  Castro
MCMXLIV-MCMXLIX
Pontifical in Dioce. Oveten.  Muria
Obeurtivus
En el lado izquierdo:
D. D. Francisco Xav. Lauzurica Torralba
MCMXLIX Pontifical Dioce. Oveten. Muria
Obeurtibus.

El ambón del Evangelio, construido en bronce dorado, tiene forma de águila y ha sido una ofrenda del Ayuntamiento de Avilés a la Virgen. Su autor es el mismo que el de las puertas de entrada y lleva la siguiente inscripción:
OFRENDA A LA SANTISIMA VIRGEN DE
COVADONGA DEL EXCMO. AYUNTAMIENTO
DE AVILÉS Y SU CONCEJO.
8 DE SEPBRE. MCML
AVE MARIA, GRATIA PLENA, DOMINUS TECUM.

Javier Remis Fernández
Cayo González Gutiérrez


lunes, 23 de abril de 2012

El Museo de Covadonga adquiere dos nuevas piezas

El Museo de Covadonga ha adquirido recientemente en sendas subastas dos piezas que pasan ha engrosar el archivo del que dispone. Se tratan de una Real Provisión del Rey Carlos III en la cual se concede licencia al Abad y al Cabildo de la Real Iglesia Colegial de Santa María de Covadonga para pedir limosna con el fin de reedificar el Santuario tras el fatal incendio acaecido el 17 de octubre de 1777. Y del libro titulado "El Pelayo", poema escrito en 1754 por Alonso de Solís Folch de Cardona Rodríguez de las Varillas, conde de Saldueña, Gentil Hombre de Cámara de Su Magestad y Obrero del Orden de Calatrava. Este admirable y excelentísimo poema que trata sobre Covadonga, sobre su historia y sobre la belleza de su paisaje fue, en aquel entonces y según las palabras del Catedrático de la Universidad de Salamanca, don Diego de Torres Villarroel, "la pieza más pulida y más bien acabada de las que se admiran en los Èpicos y Líricos de nuestra España". Su autor fue Virrey de Navarra entre los años 1768 y 1763 y sus hermanos José Manuel y Francisco de Solís Foch y de Cardona, fueron Virrey de Nueva Granada y Cardenal de Sevilla respectivamente.
Estas nuevas piezas poco a poco se irán sumando, junto a algunas otras, a la colección ya existente en el Museo.

viernes, 20 de abril de 2012

Concierto de “Melisma” en Covadonga

Este sábado, 21 de abril a las cuatro y media de la tarde en la basílica de Covadonga el grupo coral “Melisma” de Gijón ofrecerá, junto a la Escolanía de Covadonga, un concierto en el que se representarán acorde al tiempo en el que nos encontramos once corales de Bach, de Pasión y de Pascua. En el concierto, que cuenta con el patrocinio de la Fundación Municipal de Cultura y de la Universidad Popular de Gijón, contará con la intervención de Adolfo Gutiérrez Viejo, músico y compositor que ha fundado y dirigido la Capilla Clásica de León y ha sido Director Titular del Coro Nacional de Español además de ser Catedrático de dirección de coros en el Conservatorio de Oviedo.
El grupo “Melisma” fue fundado en 1994 y consta de unas veintidós voces masculinas que interpretan cantos gregorianos, así como polifonía sacra y profana. Su director, Fernando Menéndez Viejo, es un amante de la Santina y de Covadonga ya que entre 1964 y 1968 dirigió la Escolanía del Real Sitio siendo perfecto conocedor de dicha Institución, hoy en día es organista en la Parroquia de San Pedro de Gijón.

El Abad de Covadonga con la emigración asturiana

El pasado domingo 15 de abril el Abad de Covadonga celebró una misa en la capilla del centro asturiano de Caracas (Venezuela). Esta es la primera vez que un Abad de Covadonga visita un Centro Asturiano en Hispanoamérica rememorando así aquel viaje que hicieron a mediados de los años veinte a Puerto Rico, Cuba y México los antiguos canónigos del Santuario, don Manuel Loredo Somonte y don Samuel Fernández Miranda en busca de fondos y donativos para la construcción del entonces Hostal Favila, edificio que hoy es sede de la Escolanía y del Museo de Covadonga.

lunes, 16 de abril de 2012

La construcción del Hostal Favila de Covadonga.

La idea de construir el hostal Favila de Covadonga puede decirse que surgió ante la falta de infraestructura hotelera tras los multitudinarios actos que se llevaron a cabo en 1918, año en el que tuvieron lugar importantes acontecimientos como la Coronación Canónica de la Virgen y la creación del primer Parque Nacional de España, el de la Montaña de Covadonga. Además de la devoción religiosa, otros valores como los históricos, así como la nueva valoración de la naturaleza fueron también causas que favorecieron el incremento del turismo en la zona y sus alrededores. Todos estos factores hicieron que fuese necesario el promover en el Santuario nuevos hospedajes, hasta entonces reducidos a la fonda de la Roxa, la casa de novenas o el Gran Hotel Pelayo, donde la clase más humilde no podía alojarse debido al alto precio a pagar. Esta última causa fue otro de los motivos por los que el Cabildo decidió construir un nuevo alojamiento en el que todas las personas, pudientes y no pudientes, tuvieran cabida.Las obras comenzaron en diciembre de 1920 gracias al espléndido donativo de 100.000 pesetas que un mes antes había entregado el benefactor Rafael Fabián, un indiano natural de Villamayor que con anterioridad había regalado un altar de mármol para la cripta de la basílica. Aunque el elevado importe pudiera llamar la atención, y más si tenemos en cuenta el año en que fue realizado, no fue más que el comienzo de una serie de donativos y suscripciones de personas de toda condición social que sin embargo resultarían insuficientes para poder culminar tan ardua tarea.Ya en la sesión del cabildo celebrada el 17 de octubre de 1924 se citaba la precaria situación para continuar las obras y se habló de la posibilidad de solicitar un empréstito de unas 25.000 ptas. para poder continuar con los trabajos. Ante la falta de recursos, fueron los propios capitulares los encargados de crear una comisión cuya encomienda fuese la de recaudar nuevos fondos con los que continuar los trabajos. Uno de los primeros acuerdos adoptados por dicha comisión fue emprender un viaje de propaganda por Puerto Rico y La Habana, expedición que fue encabezada por el magistral de Covadonga, don Samuel Fernández Miranda y por el Doctoral, don Manuel Loredo Somonte. Ésta, en compañía del conde Rodríguez Sampedro y del arquitecto García Lomas, encargado de la obras de engrandecimiento del santuario, previamente había sido recibida en el Palacio Real por el rey Alfonso XIII. Para su iniciativa también consiguieron la colaboración de la Excelentísima Diputación, entidad que consignó, en 1925, una partida de 75.000 ptas. destinada a las obras del hostal.  Al año siguiente se volvió a agotar el presupuesto y las obras se tuvieron que paralizar durante tres años, tiempo tras el cual se consiguieron nuevas aportaciones que también resultaron insuficientes. Para continuar la edificación, el Cabildo, hubo de solicitar un empréstito al que de nuevo se unieron numerosos suscriptores particulares y anónimos, entre los que se encontraba el Patronato Nacional del Turismo quien, hasta finalizar la obra, contribuiría con una sustanciosa subvención anual.Su inauguración tuvo lugar el domingo 9 de agosto de 1931 y tuvieron que pasar once largos años para ver concluido uno de los mayores retos a los que tuvo que enfrentarse el Cabildo de la pasada década de los años 20. Fue el Abad, don Manuel Tamargo, el encargado de la bendición en un sencillo acto al que acudieron el Alcalde de Cangas de Onís, que ostentaba la representación del Gobernador Civil de Asturias, los Marqueses de Teverga, los señores de Miranda, el representante en Asturias del Patronato de Turismo, doña Isabel Maqua, los representantes de la prensa y gran cantidad de personas llegadas de diversos lugares de la comarca a pesar de las desagradables condiciones climatológicas con las que amaneció aquel día.Tras el acto de inauguración tuvo lugar el tradicional banquete, terminado el cual, el Abad dirigió unas palabras a los asistentes en un breve pero emocionante discurso cargado de agradecimientos para todos aquellos que habían contribuido en la ejecución y la financiación del proyecto hotelero. También hubo un recuerdo a modo de oración para los que ya no estaban presentes, personas que contribuyeron o trabajaron en la obra y que, debido a los retrasos, no pudieron verla terminada.El proyecto y diseño del edificio corresponde a los arquitectos Lomas y Manchobas mientras que la ejecución fue llevada a cabo por personas de su confianza como Inocencio Niembro y Emilio González Capitel.Según comenta el diario Región, en la crónica que ofrece de la inauguración, por aquel entonces este sobrio edificio ya contaba con unas “modernas instalaciones” entre las que destacaban las de “calefacción, saneamiento, y lavaderos mecánicos, que fueron hechas por la acreditada casa R. Nuño”, que tenía su sede en los números 8 y 10 de la madrileña avenida del Conde de Peñalver.

domingo, 9 de mayo de 2010

La Escolanía de Covadonga

Siempre que se habla de los orígenes de este coro de voces angelicales suele citarse como su fundador a quien fuera el primer arzobispo de Oviedo, don Francisco Javier Lauzurica y Torralba en 1951, pero lo cierto es que existió otro anterior que había sido creado por su predecesor.
Los canónigos de Covadonga, para quienes rendirle honores a la Santina era una preocupación constante, sabían que con la creación de un coro en el real sitio darían un mayor realce a las celebraciones litúrgicas durante todo el año y no sólo en días de fiesta como se venía realizando hasta entonces. La pregunta era cómo llevar a cabo dicho proyecto y de qué forma financiarlo para que tuviera una continuidad ya que mantener un considerable grupo de niños durante todo el año, en período de posguerra, suponía un enorme esfuerzo que muy pocas arcas podían resistir.
Hasta la guerra civil, celebraciones como la novena de la virgen eran amenizadas por las voces de grupos como los “Seises”, procedentes de Llanes, o la “Schola Cantorum”, dirigidos por el inolvidable don Marino Soria. Pero en Covadonga, según se desprende del acuerdo del Cabildo del 23 de octubre de 1939 ratificado en sesión del 21 de mayo del año siguiente, no es hasta una vez finalizada la contienda cuando comienza a crearse un pequeño grupo de voces formado por algunos estudiantes que, poco a poco, iban configurando la que más tarde se conocerá como Escolanía de Covadonga.
Creada por el Obispo don Benjamín Arriba y Castro, en mayo de 1945 fue erigida como seminario menor por decreto del 30 de septiembre de 1946. Sus primeros alumnos fueron José Roque García González y José Antonio Muñiz, de Sama de Langreo y de Sama de Grao, respectivamente; Desiderio de la Fuente y Ramón Alonso Suárez, que llegaron de Cangas de Onís; Pedro Luis Gutiérrez, de Cofiño; Santiago Fernández López, de Arbón; Salvador Rodríguez Montoto, de Pendueles; Cecilio Fernández Testón y José Dosal Gómez, de Panes; Vicente Luis María García Herre
ro y José Andrés Menéndez Viejo, de Oviedo; José Antonio Vallina, de San Julián de los Prados; Paulino Suárez Salido y Gerardo García Vallina, de Noreña; José Antonio Sánchez Suárez, de Tiñana; Manuel Sierra Prado, Severino Sierra del Río, Antonio Medina González y Enrique Montes Álvarez, del Hogar de San José; y Jesús Rodríguez García, de Piñeres.
Su primera sede fue en el edificio de “La Casona” (frente a la basílica y donde hoy se encuentra la Biblioteca y Sala Capitular). En la planta baja, a la derecha, estaba el comedor mientras que arriba, tras subir unas viejas y chillonas escaleras de madera, se encontraban las habitaciones.
La primera obligación de los escolanos tras levantarse y el aseo personal era la de asistir a misa. A continuación comenzaban las clases como en cualquier colegio solo que, en este caso, la educación corría a cargo de las señoritas Teresianas. Tras la comida -por cierto, no muy abundante-, dormían la siesta y jugaban al balón hasta que de nuevo se reanudaban las clases. A última hora de la tarde iban a rezar el Ángelus a la basílica y les tocaba el ensayo que realizaban tras el altar. Todos los días este ritmo podía parecer agotador pero, lo cierto es que, también había tiempo para la diversión. En los recreos jugaban
al fútbol con el canónigo don Manuel García, realizaban excursiones a la Cruz de Pelayo, a Orandi, a los Lagos o simplemente daban un paseo hasta el Repelao, La Riera o Llerices, pueblos a los que también se desplazaban para pedir prestados zurrones cuando tenían que representar alguna obra de teatro, sobre todo en Navidad.
Su primer Rector fue don Amaro Alonso Campal (Abad del Santuario); su primer director artístico don Medardo Carreño Suárez (nacido en Oviedo, aunque él se consideraba de Candás); su preceptor don Julio Folledo; organista, el mallorquín Julián Samper; director espiritual don Manuel Loredo Somonte, (Magistral); Secretario de estudios, don Martín Andréu Valdés, (Canónigo Archivero); Administrador, don Alejandro Roces Nachón, (Beneficiado); Prefectos de disciplina eran don Domingo Caso Fernández (Canónigo), y don José González Merás (Beneficiado); mientras que su confesor era el entonces Coadjutor de Cangas de Onís, don José Tomás Díaz Caneja.
Tres años más tarde, en el verano de 1948, interrumpió su actividad entre otras causas debido a la muerte de don Medardo y al traslado de algunos de sus alumnos al Seminario de Oviedo. Pero en 1951, gracias a la insistencia y empeño de un joven canónigo recién llegado a Covadonga y que años más tarde sería abad del santuario (don Emiliano de la Huerga), el Arzobispo de la diócesis don Francisco Javier Lauzurica y Torralba decidió crear una nueva escolanía.
A partir de entonces su sede se ubicó en el antiguo “Mesón”, un viejo edificio del siglo XVIII situado en el Parque del Príncipe y que el arquitecto Javier García Lomas y el pintor Paulino Vicente se habían encargado de restaurar unos años antes. De esta nueva escolanía (veintitrés niños mas otros seis que se incorporaron posteriormente), se hizo cargo don Emilio Barriuso Fernández, quien contó con la estrecha colaboración de don Emiliano de la Huerga, encargado de desarr
ollar las pruebas de ingreso y de seleccionar las voces.
El clima húmedo y frío de Covadonga hizo mella en la salud de Barriuso y al año siguiente fue sustituido por don Florentino Pérez Rebollar, a quien acompañaba como subdirector el sacerdote José Ramón Lobo Méndez (cesado el 29 de octubre de 1956 por haber sido llamado a ejercer de profesor en el Seminario Menor de Covadonga). Su puesto lo ocupó don Aladino Alonso y las pruebas de voz para la admisión de nuevos escolanos eran realizadas por el célebre músico don Alfredo de la Roza Campo, Director de la Schola Cantorum del Seminario de Oviedo.
El 12 de abril de 1964 falleció don Francisco Javier Lauzurica y Torralba y su sustituto, don Vicente Enrique y Tarancón, nombró como nuevo director musical a don Fernando Menéndez Viejo. A partir de entonces el repertorio, que conjugaba lo profano con lo religioso, comienza a inclinarse más hacia temas litúrgicos como himnos, salmos o aclamaciones y proliferaron las actuaciones fuera del Santuario. Tanto en esta etapa, como en la anterior, la enseñanza estuvo en manos de las señoritas Teresianas y se veló especialmente por la higiene y el aseo personal. En este aspecto hemos de decir que algunas veces el ir a la ducha podía resultar reconfortante pero otras podía ser matador, según el turno que a uno le tocara. Por ello, las peleas por intentar ser el primero a ver si le tocaba a uno un poco de agua caliente eran la orden del día.
En septiembre de 1968 Menéndez Viejo abandonó la dirección de la escolanía al incorporarse como coadjutor-organista a la parroquia de San Lorenzo de Gijón. La labor llevada a cabo por éste en Covadonga continuó dando sus frutos, incluso, a escasos meses de su marcha. El 7 de diciembre de ese año la escolanía ganó el primer premio en el V Concurso Provincial de Villancicos celebrado en la Delegación Provincial de Sindicatos, mérito que le dio el pasaporte para competir en el Certamen Nacional que se celebró en Madrid. En este quedaron primeros de grupo y accedieron a la final, en la que no llegaron a rendir satisfactoriamente debido a que el día anterior tuvieron un accidente de autobús cuando se dirigían a conocer el aeropuerto de Barajas.
En ese mismo año fue nombrado Abad del Santuario don Emiliano de la Huerga y llegó, procedente de una parroquia de Mieres, don Ignacio Lajara, perfecto conocedor de la escolanía por haber cantado con esta en numerosas ocasiones y por haber sido integrante de la Schola Cantorum del Seminario.
A partir de entonces se abrió otra nueva etapa en la formación musical que vino marcada por el cambio de ubicación de su sede. Se pasó del “Mesón” al edificio
del Seminario (antiguo Hostal Favila). El tiempo de vacaciones de los niños, anteriormente reducido a unos días el día de la fiesta del pueblo y a la Navidad, se vio incrementado a un mes durante el verano y se racionalizó el canto de las bodas a un tope máximo de tres al día. (Con anterioridad hubo días en los que se llegaron a cantar hasta seis seguidas).
La reforma de la Educación llevada a cabo en los años setenta trajo consigo la conversión de la Escolanía en Escuela-hogar y supuso la ampliación del centro a 60 plazas. Esto supuso un aumento considerable del número de empleados contratados por el Santuario para cuidar y educar a los niños mientras que por otro lado los ingresos se vieron reducidos por la anteriormente citada racionalización de bodas.
La marcha de Lajara, debido a sus problemas de salud, hizo que durante un año la escolanía estuviera en manos de los alumnos más aventajados hasta la llegada de don Leoncio Diéguez Marcos. Fue en 1975, tras haber sido director de la escolanía del Valle de los Caídos y del Pilar de Zaragoza junto a un gran músico, compositor y organista, el Padre José Jordán, autor de los conocidos “Salmos Responsoriales” que todavía hoy se cantan en las celebraciones litúrgicas. Para ocupar la dirección, Diéguez, había expuesto una serie de condiciones entre las que se encontraban: que el director de la Escolanía debería ser Canónigo del Santuario (y no beneficiado), y que
los escolanos tuvieran una oferta musical más amplia. Aquí se encontró con un grupo de 29 escolanos, estableció una semana de pruebas para los nuevos alumnos y se dedicó a reclutar niños visitando campamentos estivales hasta que consiguió formar un grupo de sesenta voces. A partir de entonces la Escolanía experimentó un avance extraordinario y los niños, además del piano, podían aprender a tocar otros instrumentos como el violín, el violonchelo o la flauta travesera.
El prestigio musical de don Leoncio era más que conocido en toda la diócesis, éste contactó con el conservatorio de Oviedo para que unos cuantos profesores se acercaran, de vez en cuando, a impartir clases en Covadonga. A partir de entonces los niños tomaron sus estudios más en serio, llegando incluso a realizar competiciones entre ellos para ver quien era el mejor. Esta forma de competición hizo que los instrumentos no se tocaran por mera diversión o entretenimiento lo que les supuso a muchos de los alumnos adquirir un gran nivel musical y forjarse, posteriormente, un futuro profesional relacionado con el ámbito de la música ya que muchos de ellos hoy son directores de orquesta, profesores de Conservatorio, pianistas, organistas, violinistas y violonchelistas. De este modo, poco a poco, la escolanía se fue perfeccionando musicalmente llegando a alcanzar un alto nivel interpretativo. Tal fue así que, a comienzos de los años ochenta, los escolanos participaron junto a la Orquesta Sinfónica de Asturias, en el Teatro Campoamor, en óperas como Carmen, de Bizet, o la Bohème, de Puccini. También ofrecieron actuaciones en numerosos puntos de la geografía española como las llevadas a cabo en Oviedo, Gijón, Valencia, León, Huesca o Madrid (ésta última en el Teatro Real). Pero, sin duda alguna la actuación que marca la pauta, cuando a la hora de hablar de la escolanía de Covadonga se refiere, es la que ofreció el 26 de septiembre de 1987 en Bolonia (Italia,) dentro de un festival en el que interpretaron obras junto con el Coro de la Escala de Milán y la Orquesta Sinfónica de Londres, dirigida por Lorin Maazel. Entre el público asistente a este festival, además de numerosas personalidades del mundo de la cultura, se encontraban la Madre Teresa de Calcuta y S. S. el Papa Juan Pablo II. Sin duda alguna, este fue un recuerdo imborrable para quienes entonces eran escolanos. Muchos de estos, y hoy asiduos de Covadonga, cada vez que visitan la escolanía recuerdan aquel memorable acto que marcó la época más gloriosa de esta institución.
Tras ser don Leoncio nombrado director del Conservatorio de Música de Oviedo se encargó de la escolanía uno de sus alumnos más aventajados, Juan Carlos Laria de la Maza quien continuó con la labor llevada a cabo por su predecesor, apoyado por éste desde Oviedo. Al cabo de unos años los conciertos se fueron reduciendo y la principal fuente de financiación (las bodas), apenas se cantaban. Maza, como hoy es conocido, estuvo cinco años de director musical, hasta
1993 fecha en la que un pariente suyo, Jorge de la Vega Laria, también antiguo escolano, se hace cargo de esta hasta la actualidad. Ambos habían estudiado juntos en la Schola Cantorum de la Catedral León y no perdieron el contacto con don Leoncio quien se trasladaba algún fin de semana o en épocas estivales a dirigir los ensayos, sobre todo en vísperas de alguna solemnidad.
Durante esta última etapa de la formación las condiciones de los niños mejoraron notablemente. El edificio se reformó interiormente casi por completo y se adaptó a las necesidades actuales, las visitas de los padres así como las vacaciones eran más frecuentes, incluso son ampliadas si se tienen que quedar en el Santuario por alguna celebración. Nuevamente fue la ley de educación, en este caso la L.O.G.S.E., la que conlleva un profundo cambio en la vida de la escolanía. Los mayores que estudiaran secundaria deberían bajar a estudiar al Instituto de Cangas de Onís mientras que los de primaria recibirían las clases en Covadonga. Esto supuso un cambio en la dinámica de la institución ya que continuamente se debían de hacer reajustes en el tiempo y la distribución de los ensayos. Se dejaron de cantar bodas y rosarios. La única actividad diaria de los niños, musicalmente hablando, era el canto la Salve que tiene lugar al finalizar las Vísperas aunque también actuaban en las misas conventuales del sábado y de la mañana del domingo. Los conciertos fueron más locales y únicamente debemos resaltar actuaciones como las llevadas a cabo ante las ilustres visitas del Príncipe de Asturias y del Papa Juan Pablo II.
El nombramiento como canónigo de la Catedral de Oviedo de don Leoncio hace que éste se desvincule totalmente de la escolanía, la cual se resiente no sólo musicalmente hablando, sino que también en el escaso número de alumnos que la componen. Todas estas causas, unidas a otros factores, hicieron mermar el nivel musical alcanzado hasta entonces.
Hoy, para entrar a formar parte de la misma ya no es cuestión indispensable tener ciertas aptitudes o cualidades musicales (voz y oído), sino que, más bien, los niños están en el Santuario acogidos a modo de intentar inculcarles unos valores y hacer de ellos el día de mañana unas personas de bien. A pesar de ello se han vuelto a cantar bodas y realizar conciertos, incluso fuera de Covadonga. La componen un total de 28 alumnos y la formación académica corre a cargo del Ministerio de Educación y Ciencia, organismo del que reciben, respectivamente, estudios de Primaria y Secundaria en el Colegio Público Reconquista y en el Instituto Rey Pelayo de Cangas de Onís. Los estudios musicales de Solfeo y Teoría de la Música, Conjunto Vocal, Piano, Violín, Violonchelo y Contrabajo, así como la formación en el canto, son impartidos en la misma Escolanía por profesores titulados.
Esperemos que las escasas voces de hoy en día se conviertan mañana en un numeroso grupo de escolanos que hagan de la música su actividad profesional para deleite de las muchas personas aficionadas a la música que se acercan hasta este Real Sitio de Covadonga.

martes, 13 de abril de 2010

Roberto Frassinelli, el Alemán de Corao.

Robert Bartholomaüs Carl Frassinelli nació el 23 de mayo de 1813 en Ludwisgburg, en el estado alemán de Würtemberg, aunque su familia era de origen italiano, de Trento. Frassinelli estudió en Tubinga y durante estos años se convirtió en un defensor de los ideales liberales, por los que pasó una temporada en prisión. En 1854, sus biógrafos consideran que ya está definitivamente asentado en España. La razón por la cual este arqueólogo, dibujante y bibliófilo alemán eligió para vivir el pueblo de Corao en Cangas de Onís no está clara. Según el erudito local Celso de Diego, parece ser que fue debido a la relación profesional que mantenía con un librero de antiguo afincado en Madrid, miembro de la familia Miyar, por la que conoce Corao y decide quedarse en el pueblo. También pudo influir en su decisión de asentarse en este pueblo cangués el encontrarse a tan sólo dos kilómetros del palacio de Labra, residencia de uno de los más importantes bibliófilos españoles del momento, Sebastián de Soto Cortés.
La actividad principal de Frassinelli fue la compraventa de libros antiguos y obras de arte de los monasterios recientemente desamortizados. Importantes historiadores españoles le acusaron de sacar de España códices de gran valor histórico. Lo que sí es cierto es que la España del siglo xix sin duda fue un lugar idóneo para las actividades de especulación arqueológica a las que él se dedicaba.
También tomó parte en el diseño y dirección de las obras del monumental santuario de Covadonga, de la mano del obispo de Oviedo Sanz y Forés, si bien, como hemos ya apuntado, fue apartado de ellas por las presiones de la Sociedad Central de Arquitectos, que le acusaron de intrusismo profesional.
Una vez afincado en Corao, se convirtió rápidamente en un gran conocedor del Macizo Occidental de los Picos de Europa. Esto le llevó a ejercer de guía para muchos importantes viajeros que por aquel entonces realizaron exploraciones o estudios sobre la zona. Así, parece ser que acompañó por muchos lugares al eminente geólogo alemán Guillermo Schulz, en sus trabajos de campo para su Descripción geológica de Asturias. También fue uno de los primeros en representar paisajísticamente los Picos de Europa, mediante una serie de dibujos realizados a lápiz y aguada sepia que se conservan en la biblioteca de Palacio de Oriente.
Su huella en los Picos queda bien patente en su toponimia. Hoy, un pequeño charco que se encuentra en el río Pomperi, en las cercanías de Pan de Carmen, se conoce como Pozo del Alemán, ya que parece ser que iba frecuentemente a bañarse en él. El camino que une Corao con el lago Enol, debido a la frecuencia con que lo transitó, se conoce hoy en día como Ruta Frassinelli.